REVISTA DE POR ACÁ

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viernes, 19 de diciembre de 2008

Y las salas permanecen vacías




Publicado en el semanario Sietedías, No. 77, 2 de agosto de 1998.


Por Carlos Alberto Gutiérrez Aguilar


Su oferta se ha incrementado y diversificado en los últimos años, pero el cine internacional, no hollywoodense, sigue siendo un atractivo solo para un pequeño sector del público.

Y esto lo sufrieron en carne propia las jóvenes que de manera particular realizaron el proyecto de Arte Cinexcepciones, quienes ante la falta de respuesta de la comunidad optaron por dejarlo en manos de una institución que pudiera hacer frente a los gastos.

A partir de septiembre, la universidad dará continuidad al esfuerzo de Verónica del Valle Loredo y María Dolores Briceño Vázquez, ofreciendo a los mexicalenses cine de calidad en las salas comerciales. Entretanto, sus propios espacios de difusión, el cineclub y el videocine, adolecen de una falta de atención presupuestaria y a la par del desdén de la comunidad estudiantil.

Por si esto fuera poco, el Instituto de Cultura tomó como pretexto los ciclos de los martes en Cinépolis para suspender el videoclub que desde 1990 había mantenido. Pero, a cambio, ofrece en estos días una nueva muestra de cine internacional, la segunda en el año.

Y mientras las instituciones actúan de manera contradictoria, curiosamente es la iniciativa privada –Organización Ramírez, en este caso– la que no disminuye su interés en que los mexicalenses disfruten de películas de calidad.

Entre un público mayoritario que se regodea con Godzilla e instituciones que aún no definen sus políticas culturales, se encuentra el todavía reducido –pero en crecimiento– grupo de cinéfilos de la localidad, el cual se mantiene a la expectativa de que se les atienda en sus inquietudes.


Lo más interesante

"Ya no somos tan poquitos", dice el dibujante y cinéfilo Fernando García Rivas –autor de la columna "Linterna Mágica" que se publica en el diario La Crónica–, pues aunque son pocas las personas que buscan algo diferente a la cartelera comercial, cada vez su número aumenta.

Coincide con otros cinéfilos entrevistados, en que un papel importante en este incremento de espectadores frente a la pantalla grande se debe al esfuerzo particular de las jóvenes Del Valle Loredo y Briceño Vázquez. "Arte Cinexcepciones vino a hacer más frecuente la oferta (de cine internacional); pasaban películas recientes que formaban parte de otras muestras, distintas de la que organiza la Cineteca".

Los estudiantes de la carrera de Ciencias de la Comunicación, de la UABC, son un sector amplio de ese grupo de cinéfilos que se ha incorporado recientemente, menciona García Rivas. Y recuerda cuando en el ciclo de los martes se exhibió la película Claroscuro, de Scott Hicks, que fueron necesarias dos salas para atender a tal cantidad de público asistente.

"Los boletos se vendieron como pan caliente en la escuela (la Facultad de Ciencias Humanas)".

Otro cinéfilo, el escritor Gabriel Trujillo Muñoz –autor del libro Imágenes de plata. El cine en Baja California–, considera como lo más interesante de lo que se ha hecho en cuanto a oferta de cine extranjero en Mexicali, al proyecto de Arte Cinexcepciones. Esa iniciativa particular, dice, "habla de una nueva generación que ya no se queda esperando que las instituciones le den la oferta cultural, sino que ella lo crea".

Sin embargo, los resultados económicos no fueron los que esperaban sus promotoras, y Arte Cinexcepciones estuvo a punto de naufragar casi cuando finalizaba su ciclo más reciente. Pero interesadas en que su esfuerzo rindiera frutos, Del Valle Loredo y Briceño Vázquez ofrecieron el proyecto a la universidad, que lo tomó y lo reanudará a partir de septiembre próximo.


"Cineclub de la paciencia"

La encargada del cineclub y el videocine de la UABC campus Mexicali, Claudia Carballo de Alba, informa que actualmente se encuentran organizando el siguiente ciclo del proyecto, “con el mismo nombre”, y adelanta que se continuarán ofreciendo bonos de descuento, además de que a los estudiantes se les cobrará la mitad del boleto.

La universidad espera que la realización de este ciclo semanal le permita difundir los otros dos espacios de cine internacional con los que cuenta: el cineclub de los viernes y el videocine de los miércoles. Y es que la asistencia a ambos es muy reducida y quienes brillan por su ausencia son los estudiantes universitarios, sobre todo en las funciones donde ofrecen películas proporcionadas por la Cineteca de la UNAM, según reconoce Carballo de Alba. "Se mantiene un grupo muy selecto, de alrededor de siete personas (la décima parte de la capacidad de la sala) –dice–, llegan muy pocas caras nuevas".

La sala de cine nunca se ha llenado en las funciones de los viernes, al menos en los tres últimos años en que ella ha estado a cargo de los ciclos, comenta. La asistencia ha llegado a ser de hasta quince personas.

La entrevistada ve en la deficiente promoción una de las causas principales de la reducida asistencia de los universitarios a las funciones; ocasionado esto, a su vez, por el limitado presupuesto con el que se cuenta. Otro factor que cita Carballo de Alba es la propia programación, integrada por películas de los años cuarenta y cincuenta, que no tienen ningún atractivo para los jóvenes; además, los horarios (12:00 y 18:00 horas), los cuales, según algunas personas le han manifestado, no son los más adecuados.

"Los universitarios que vienen son contados; algunos llegan, se enfandan con la película y se salen". Además, quienes permanecen en la función tienen que soportar estoicamente las frecuentes interrupciones por las fallas en los obsoletos aparatos de proyección. "Yo les digo que es el cineclub de la paciencia, porque tienen que ser muy pacientes", comenta.

El caso del videocine es un poco distinto, pues por ser películas de factura más reciente congregan a un público muy cambiante y un poco superior en número al de los viernes. De manera ocasional, según la entrevistada, acude un grupo completo de alguna escuela o facultad, a petición expresa de sus maestros.

Pero la asistencia al videocine es también reducida: quince personas en promedio. Y la sala sigue sin llenarse.

A pesar de este panorama, que no ha cambiado con los años, de momento la UABC no seguirá ninguna estrategia para romper con esta inercia, aparte de la realización del proyecto de Arte Cinexcepciones.

Gallardo de Alba se manifiesta apenada por la baja asistencia a las funciones de cine y video en la universidad, pero al mismo tiempo se consuela al recordar un comentario que tiempo atrás le hizo uno de sus maestros de la Facultad de Ciencias Humanas: nunca una sala de cineclub estará llena.


Aquellos años

Tal vez no llenas en su totalidad, pero hubo una época en que las salas de los cineclubes tenían un mayor número de butacas ocupadas que en la actualidad. La actriz Blanca Gómez, fiel seguidora de los distintos cineclubes locales en los últimos quince años, recuerda que a mediados de la década pasada las funciones que ofrecían la UABC y la Dirección de Asuntos Culturales del gobierno del estado (DAC) en el Teatro del Seguro Social, congregaban a un promedio de cincuenta asistentes.

Este medio centenar de espectadores eran ya seguidores fieles de una actividad que veinte años antes se había iniciado en Mexicali –y el estado–, cuando David Piñera Ramírez creó el cineclub universitario en las instalaciones del Bol-Stic, por las avenidas Reforma y Justo Sierra.

Interrumpida en 1969 al suspender su apoyo el Sindicato de Trabajadores de la Industria de la Comunicación, la oferta de cine internacional se reanudó a principios de los años ochenta, primero en la Casa de la Cultura y después en el Teatro del IMSS, según recuerda Trujillo Muñoz

En esos años las salas de la Compañía Operadora de Teatros ofrecían ciclos anuales de la cinematografía internacional, particularmente los cines Variedades y California 70. Una de las ofertas eran los ciclos de películas soviéticas, en los que el espectador podía disfrutar de dos filmes diarios pagando un solo boleto.

Mientras, del Teatro del IMSS se pasaba a la Biblioteca Pública Central Estatal. Blanca Gómez recuerda que ahí vio ella su primera película en un cineclub: Las noches de Caviria, de Federico Fellini, hacia 1985. Las funciones eran los miércoles a las 20:00 horas, con admisión gratuita.

El coordinador de este cineclub, ya dependiente del gobierno del estado –la UABC instaló su propia sala en el campus– era José Lobo (José Luis Gutiérrez, su nombre real). Había "muchísima asistencia", la admisión era gratuita y se acostumbraban los debates posteriores a la función, práctica que ha ido disminuyendo con el tiempo. "¿Para qué chingados te sirve ir a ver una película si no hay debate? Es la retroalimentación básica", cuestiona Trujillo Muñoz.

El escritor menciona como un personaje fundamental en la creación de los cineclubes en el estado, por parte de la universidad, a Víctor Soto Ferrel, quien durante varios años recorrió los entonces cuatro municipios, semana tras semana, cargando los rollos de película bajo el brazo.


Costumbre perdida

Importante también ha sido el trabajo de otro enamorado del séptimo arte, José Luis Campos, quien en el seno del Instituto de Cultura transformó, en 1990, el anterior cineclub de la DAC en un videoclub –tras la interrupción que esta actividad había sufrido durante la administración de Francisco Padilla Delgado al frente del ICBC.

En el Café Literario del Teatro del Estado –con algunas temporadas en la Galería de la Ciudad–, primero los lunes y después de martes a martes, el videoclub complementó la labor que realizaba la UABC en ese campo, pues presentaba películas de producción más reciente y en ocasiones las alternaba con pláticas dictadas por cinéfilos locales. "Lo bueno del videoclub del ICBC era la intención de hacer ciclos temáticos", expresa García Rivas, quien al igual que el resto de los entrevistados lamenta la decisión de los funcionarios de la dependencia estatal de suspender esta actividad.

Ante la competencia que le resultaba Arte Cinexcepciones, y enfrentado al hecho de que su público ya era escaso, se optó por suspender la actividad y en enero pasado el videoclub no funcionó más.

Esta medida es criticada por los cinéfilos locales, quienes opinan que lo que se debió hacer fue cambiar las funciones a cualquier otro día que no compitiera con el ciclo de Cinépolis. "Lo malo es que se pierde la costumbre –señala Blanca Gómez–. ¿Cómo va a haber público (para el cine internacional) si hay un cineclub de dos meses y luego se interrumpe? Sería interesante que el Instituto lo retomara. ¿A dónde mandas a la gente después de la muestra?, sobre todo en esta época en que no hay nada".

"El trabajo de José Luis Campos es increíble; ha formado una muy buena colección de videos en tantos años, ha trabajado como hormiga. No deben dejarlo (su esfuerzo) por un lado", considera por su parte Laura Treviño Garza, conductora del programa de cine Entre Butacas que transmite Radio Universidad.

Pero según informó el director general del ICBC, Francisco Bernal García, el videoclub sí se reanudará, a partir del próximo mes de septiembre, después de la temporada de calor.


Tercermundistas

A cambio de este espacio de que privó a la comunidad, el Instituto de Cultura ofrece en estos días lo que llama la IV Muestra Internacional de Cine en Baja California, con el apoyo de Cinépolis, el Centro Universitario Tijuana y otras empresas privadas.

Esperan en esta ocasión recibir a diez mil espectadores y reducir al mínimo el déficit que ocasiona realizar un evento no comercial de este tipo, según informa la directora de Promoción y Difusión del ICBC, Rocío Alejandra Villanueva Urueta. Los datos que proporciona la funcionaria muestran el paulatino avance del público en favor del cine de calidad en el estado: 7 mil 800 espectadores en la segunda muestra (1997) y 9 mil 700 en la tercera (marzo pasado).

Y aunque el Instituto de Cultura toma con reservas sus propias expectativas, el gerente de Organización Ramírez plaza Mexicali, Francisco Guerrero, se muestra optimista, pues el verano es una temporada fuerte para las salas de cine en la ciudad, dice.

Y menciona algunos logros que se han obtenido en los últimos años, particularmente en la proyección de películas del llamado nuevo cine mexicano, "desde Como agua para chocolate, La mujer de Benjamín, Sólo con tu pareja, Miroslava, El callejón de los milagros".

"Esas películas nunca se me van a olvidar –expresa–, porque es tan raro que una película mexicana dure tanto tiempo y sea tan comentada y premiada". Con la exhibición de este tipo de cintas, "de alguna manera cumplimos con Gobernación (que exige a las salas cierto porcentaje de tiempo de proyección dedicado exclusivamente a películas mexicanas), y cumplimos con el público que de alguna manera ya tiene la costumbre del cine no comercial y lo quieren".

Además de las muestras y los distintos ciclos que se ofrecen en Cinépolis, ese público tiene otras opciones, como son los canales televisivos 22, 11 y 29 (este último de la UABC), menciona Trujillo Muñoz. Incluso, considera que "la labor de la universidad de pasar cine en el 29 es más importante que el cineclub mismo, porque se acerca a otro tipo de público". Sin embargo, califica de "pobrísima" la oferta que se tiene en la localidad, pues no existen canales dedicados exclusivamente al cine, como en Estados Unidos.

"La opción (en Mexicali) es tercermundista –considera por su parte García Rivas–. Sí ves Godzilla, pero dejas de ver mil cosas más". Y considera que la oferta es proporcional a la reducida demanda.

Así, mientras los cineclubes parece que están siendo condenados al aislamiento, las salas comerciales vuelven a ser, como antaño, el mejor medio para acercar a un público amplio lo mejor del séptimo arte.

La ciencia para todos


Por Carlos Alberto Gutiérrez Aguilar


“Una botella de whisky y un garrote eran, hace siglo y medio, anestesia común. Un cuchillo al rojo vivo era el instrumento para llevar a cabo la amputación de un miembro. Así como operaciones que en nuestro tiempo se consideran impracticables fueron el antecedente de la cirugía actual, los avances que hoy se hagan, constituyen la base del futuro en esta rama de la medicina”. Es éste el sumario del artículo titulado “Ayer y hoy de la cirugía”, con el que inicia el libro Peces, hongos y otros temas, recién publicado por la UABC.

Generalmente cuando escuchamos la palabra “ciencia” nuestra mente evoca imágenes de laboratorios donde investigadores de bata blanca hurgan en los misterios del mundo por medio de matraces y probetas; o quizá imaginamos a especialistas con anteojos de lentes de fondo de botella, sentados frente a pantallas de potentes computadoras, abstraídos de lo que ocurre a su alrededor.

Esta visión de la ciencia ha ocasionado que se le considere inaccesible para la gente común y corriente –como este reportero y tal vez como usted, lector–. El campo de la investigación científica se cree que es sumamente complejo, incomprensible, elevado, ajeno por completo a la vida cotidiana. De esta manera, los programas sobre la ciencia que se transmiten por radio y televisión son de los que menos público congregan; las revistas científicas reducen por lo mismo su círculo de lectores a personas especializadas.

En los últimos años se ha buscado una popularización de la ciencia, difundiéndose investigaciones, conocimientos y descubrimientos, así como la vida de científicos de talla universal, de una manera accesible para el público con un nivel escolar promedio y a veces básico. Se ha dado énfasis a la educación científica en el ámbito escolar formal y por medios alternos, para que los niños y jóvenes comprendan que la ciencia está entre nosotros a cada segundo de nuestra existencia. Particularmente pueden mencionarse aquí como ejemplos de estos medios alternos, en el estado, el Museo de Ciencias en Ensenada y el Vagón de la Ciencia en Mexicali.

La Universidad Autónoma de Baja California pone también su granito de arena en esta tarea. A través de programas televisivos y radiofónicos, revistas y libros, da a conocer las investigaciones y los alcances de especialistas. No puede decirse todavía que los resultados sean óptimos, ya que esta divulgación se ha realizado entre un público restringido principalmente al universitario, y dentro de éste a un círculo muy estrecho. Tal vez donde se han tenido mayores avances ha sido en el Museo Universitario, que monta exposiciones por medio de las cuales, de una manera interactiva, el visitante se adentra a ese mundo que le ha sido tan lejano.


Perderle el miedo a la ciencia

Anteriormente, la divulgación científica en las revistas de la UABC resultaba más atractiva para el lector común que en la actualidad. Todavía hoy pueden conseguirse en algunas librerías de la ciudad ejemplares de aquellas publicaciones: Ser Ahí en el Mundo y ConCiencia –que aparecían a la par que ediciones especializadas–. Ahora la Universidad difunde el conocimiento científico por medio de la revista Divulgare, entre otras obras.

Como un rescate de algunos de los artículos publicados hace algunos años en las primeras dos revistas mencionadas, se editó en 1995 el libro Peces, hongos y otros temas, donde se abordan temas tan variados como los adelantos en la medicina, la respiración pulmonar en algunos peces, la física nuclear, la termodinámica.

En la presentación de la obra se expone: “...quienes de forma directa o indirecta hemos estado involucrados en actividades de divulgación de la ciencia, hemos aprendido, a fuerza de errores, que nuestra labor es fundamentalmente de comunicación.

“Y saber comunicar no es solamente expresarse de manera correcta, sino además, hacerlo de tal forma que sea comprensible para el público al que queremos llegar”.

Con ese objetivo, se precisa en seguida, la serie editorial “Divulgación” –a la que pertenece el libro que nos ocupa– “pretende acercar al público en general una parte de esos conocimientos generados por los investigadores y profesores de la UABC”.

Y tras haber leído los artículos que a lo largo de 54 páginas tratan de introducir al lector común al sorprendente mundo científico, puede concluirse que los autores de los textos logran su cometido. De una manera sencilla, investigadores y catedráticos, así como un estudiante universitario, tratan temas que generalmente resultan muy complicados, como el de la física nuclear, con la intención en cada palabra de hacer que la gente interesada en incrementar sus conocimientos, le encuentre gusto y valore la ciencia en su entorno.

Se adereza la información con anécdotas. Tal es el caso del primero de los artículos, “Ayer y hoy de la cirugía”, en que se pinta el escenario común en un quirófano hace siglo y medio, cuando “si alguien entraba a un hospital para ser operado, era muy probable que saliera con los pies por delante y directo al panteón”. Se hace un recorrido histórico por los distintos descubrimientos que han hecho evolucionar el campo de la medicina: los anestésicos, la asepsia, los implantes artificiales, la microcirugía. En fin, la manera como el hombre ha ido venciendo obstáculos para derrotar los males físicos que lo aquejan.

Vienen luego los “Peces que respiran fuera del agua”, un tema seguramente desconocido para la mayoría, pues comúnmente se cree que todos los peces tienen un sistema respiratorio branquial.

Sigue un artículo donde se explica cómo en un día de playa el paseante vive minuto a minuto procesos fisicoquímicos, que se suceden en él mismo y a su alrededor: desde la limpieza de la ropa con jabones o detergentes hasta la combustión a la que se expone una salchicha, pasando por la acción fotoquímica que producen en nuestra piel los rayos solares (el bronceado) y la fotosensibilidad de una película fotográfica, por mencionar algunos de los ejemplos más comunes.

Los hongos, seres desconocidos en el desierto, son tratados a continuación. “Es fundamental en la vida el papel que juegan los hongos al degradar compuestos complejos de materia orgánica a partículas más simples –escriben los autores del artículo–, las cuales son utilizadas por otros organismos, quienes finalmente las reintegran al suelo”. Los hongos “son básicos en la preparación de un amable vino o de una fresca cerveza y también en el pan que cotidianamente disfrutamos”.

El texto menos comprensible es el referido a la física nuclear. En él se aclara que dicha ciencia “no es una herramienta para fabricar bombas atómicas o armas nucleares”, sino que también estudia estructuras cuya potencialidad las hace muy útiles en aparatos electrónicos. Tal es el caso de los semiconductores y otros componentes, los cuales pueden aplicarse en máquinas fotocopiadoras, lentes para rayos, computadoras, etcétera.

Por último se explican las tres leyes de la termodinámica, por las cuales el mundo es como lo conocemos y no puede ser de otra manera. ¿Por qué se enfría la sopa? ¿Cuál es la razón por la que nuestra casa no puede mantenerse fresca durante el verano, de manera natural? ¿Qué es lo permite a un tren subir con mayor facilidad una cuesta en invierno que en verano?

Peces, hongos y otros temas, artículos compilados por Luz María Ortega Villa (jefa del Departamento de Editorial de la UABC), es una manera fácil y atractiva de introducirnos al mundo de la ciencia, de perderle el miedo, de aprender más. De despertar nuestra curiosidad e interesarnos por la investigación científica.

sábado, 25 de octubre de 2008

El Binacional de Danza, producto de veinte años necios


Publicado en Sietedías el 25 de abril de 1998.


Al paso de dos décadas, la danza contemporánea en Mexicali empieza a posesionarse de un lugar propio



Por Carlos Alberto Gutiérrez Aguilar

"Ha sido por necedad, por constancia; no ha resultado fácil", dice Carmen Bojórquez, maestra de danza y coreógrafa. Se refiere a uno de los grandes logros de su trabajo de casi dos décadas promoviendo la danza contemporánea en la ciudad: la realización de seis encuentros binacionales de grupos ejecutantes de este género escénico.

Como docente universitaria, Bojórquez creó en 1983 Paralelo 32, agrupación que ha destacado por su calidad, y en su décimo aniversario dio vida a este evento anual. Hoy es coordinadora del área de danza en la Universidad Autónoma de Baja California (UABC), pero sigue sintiéndose "paralela", dice.

Todavía sorprendida por la polémica que ocasionaron los desnudos en el cartel promotor del actual encuentro binacional, comenta: "Ni más ni menos hoy (martes 21) me encontré un cartel tirado en el piso, rayado y pisoteado, con saña... Yo pensé que ya no existía eso".

De cualquier manera, la fiesta de la danza contemporánea se lleva a cabo en Mexicali por sexta ocasión consecutiva. El Teatro Universitario recibe –bajo los auspicios de la UABC y el Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA), en iguales porcentajes– a seis grupos mexicanos, dos estadounidenses y uno canadiense, además de los dos locales: el ya mencionado Paralelo 32 y Lindero Norte (antes Taller Coreográfico de la universidad estatal).

Son casi veinte años en que los mexicalenses han tenido un cada vez mayor acercamiento a este género dancístico. Asimismo ha puesto en ello su granito de arena Patricia Aguilar, bailarina llegada del Distrito Federal a principios de la década, quien en 1991 conformó el Taller Coreográfico de la UABC, grupo considerado por algunos rival de Paralelo 32.

"(La danza contemporánea) ha crecido muchísimo en Mexicali, hay talentos excelentes –dice Aguilar–. Ha habido grandes logros, como es, por ejemplo, este encuentro, magnífico, porque le permite a la gente no sólo acercarse a la danza, sino conocer las diversas corrientes, las diversas formas de creación de cada coreógrafo.

"Mexicali ya es reconocido a nivel nacional como un lugar donde hay buenos bailarines".


Tradición de dos décadas

Según el escritor Gabriel Trujillo Muñoz, en su artículo titulado "La danza contemporánea en el noroeste de México: Antares y Paralelo 32" –que se incluye en el libro Cuerpos más allá de las fronteras, de la UABC y la San Diego State University–, la danza contemporánea apareció en Baja California en la década de los setenta, con el Ballet Concierto de Tijuana, coordinado por Antonio Galindo, y la escuela Gloria Campobello, de Margarita Robles Regalado, en Mexicali.

Fueron los primeros pasos. Al iniciarse los ochenta, Carmen Bojórquez arribó a la entidad y en la capital dio cohesión al incipiente grupo de la Casa de la Cultura. "Puedo asegurar con orgullo que las primeras clases (de danza contemporánea, en Mexicali) las di yo", manifiesta ahora Bojórquez.

Para 1983, a la coreógrafa y bailarina "alumna de Josefina Lavalle, Rosa Reyna, Valentina Castro y Waldeen", la Casa de la Cultura le quedaba chica. Entonces recibió el apoyo de la universidad y el 13 de marzo de 1983 fundó el grupo Paralelo 32.

Los años siguientes fueron de consolidación. Adquirieron poco a poco presencia independiente bailarines de la talla de Eunice Hidalgo y Manuel Torres. Esto llevó a un alto temporal en el camino del grupo, a principios de los noventa.

En ese tiempo llegó Patricia Aguilar, procedente de la ciudad de México, donde había estudiado en la escuela del Departamento del Distrito Federal, el INBA y la Escuela de Perfeccionamiento para Maestros y Bailarines Ollin Yoliztli –posteriormente tomaría cursos en Nueva York y en el Centro Nacional de Danza Contemporánea de Querétaro.

"Me encontré con un gran número de gente que estaba interesada en la danza y con grandes aptitudes –recuerda ella–. Paralelo estaba en ese momento en un break; los principales bailarines, fundadores (Hidalgo y Torres), estaban en la ciudad de México. Seguían aquí gente de Paralelo, pero había mucha gente nueva, que escasamente tenían un curso. Para mí fue muy motivador ver a tanta gente con aptitudes, interesadas en acercarse a la danza.

"Inmediatamente que llegué entregué proyectos por todos lados; me llamaron de la universidad, cosa que me hizo muy feliz, porque tenía la oportunidad de estar en lo que sé, lo que ha sido mi vida, que es la danza".

Aguilar sustituyó brevemente a Bojórquez en las clases y dio vida al Taller Coreográfico de la UABC. Poco después regresaron los bailarines y la misma Bojórquez, y Paralelo 32 retomó su camino, a partir de 1991.

Durante algunos años los dos grupos coexistieron dentro del ámbito universitario, sin evitar las rencillas producto de la competencia. Ambos practicantes del mismo género, su estilo era diferente. Explica Aguilar: "La línea que maneja Paralelo es más ir detrás de lo que es el movimiento, y el Taller Coreográfico está más interesado en hacer trabajo interdisciplinario: utilizar otras áreas como herramientas para lograr el fin, la obra.

"(Nosotras) nos acercamos a gente de teatro, de las letras, a músicos, a artistas plásticos, porque queríamos hacer un trabajo interdisciplinario y además algo muy importante: trabajar mucho el interior, para poder proyectar todas las emociones y sensaciones".

Casi de manera simultánea ambos grupos alcanzaron una etapa importante en su desarrollo: la dirección de Paralelo 32 fue dejada por Bojórquez, quien asumió la coordinación de danza en la universidad, y el Taller Coreográfico se convirtió en el grupo independiente Lindero Norte, que tiene su sede hoy en la Casa de la Cultura.

"Terminó ese ciclo en la universidad –explica Aguilar–. Tenemos planeado hacer muchas cosas que posiblemente sí se pudieran hacer en una institución, pero nuestra idea es que cada una de las integrantes de Lindero Norte se pueda involucrar más con todo lo que es el quehacer alrededor de un espectáculo dancístico, y de esa manera hacerlas más responsables de los resultados.

"Esto es lo que nos ha llevado a la independencia. La participación de ellas (las bailarinas) ha sido muy activa en todo lo que es organización, administración, buscar funciones. Están más interesadas trabajando, porque saben que no depende más que de ellas lo que se pueda lograr".

Con recursos propios, pero también con el apoyo de la Casa de la Cultura, el Instituto de Cultura de Baja California y la Escuela Profesional de Danza, Lindero Norte continúa su trabajo artístico. Este miércoles 29 se presentarán en el Teatro de la Ciudad de Ensenada, para celebrar el Día Internacional de la Danza, y del 30 de julio al 3 de agosto ofrecerán tres funciones en la Comarca Lagunera.

Paralelo 32, mientras tanto, después de haber tenido una dirección colectiva en 1997, hoy es dirigido por Verónica Gaytán, una de sus fundadoras. Y algunos bailarines mexicalenses que han abrevado de esta tradición de casi dos décadas, "han comenzado ya a volar, porque para eso son las alas" –en palabras de Aguilar–: Eunice Hidalgo participa dentro de las filas del reconocido grupo sonorense Antares, al igual que Isaac Chau (actual becario del Fondo Estatal para la Cultura y las Artes).

"Ya se está formando la tercera generación (de bailarines mexicalenses)", comenta Bojórquez, quien se mantiene en su labor educativa ("la única actividad que no he dejado ni dejaré, porque es la que más me gusta, es la de dar clases. Yo antes que ser nada en danza soy maestra de danza").


Danza autofinanciable

De una vida joven (nació apenas a fines del siglo pasado, en Europa), la llamada danza moderna –en México se le conoce como contemporánea– necesita profesionalizarse, en el sentido de que pueda ser un medio de sustento para sus ejecutantes, señala Bojórquez.

"Lo que ha sido más difícil que nada es que la gente se acostumbre a que (la danza) es una actividad que tiene un costo, como ir al cine –comenta–. Mientras esto no se logre no vamos a poder profesionalizar la danza localmente, en cuanto a que los que a ella se dedican puedan vivir de esto".

Y es que, de manera paradójica "el que menos puede vivir de la danza es el ejecutante. Puede vivir el maestro, el coreógrafo, el promotor, pero el bailarín casi nunca".

"Yo vivo de la danza, y quizá también Manuel Torres –agrega–. Pero yo soy promotora y creadora, maestra; pero el que es bailarín, como Manuel, a veces necesita dar clases, montar bailes de quince años por aquí y por allá, bailes a los clubes sociales. No vive, pues, de su especialidad".

Y es que los honorarios percibidos por las presentaciones o lo que se recauda de la venta de boletos de las funciones, se invierte en pagar a diseñadores, promotores, iluminadores, etcétera, "y al que se sube al escenario casi nunca le toca nada". Esto ocurre porque la sociedad considera que los espectáculos dancísticos, y los culturales en general, deben ser un servicio social del gobierno –dice la entrevistada–, ofrecidos gratuitamente al público.

"En la medida en que la sociedad vaya asumiendo la danza como algo más en el presupuesto que destina familiarmente a la recreación", se va a solucionar esta problemática, considera.

"Ahorita la gente se queja porque estamos cobrando treinta pesos y dice: '¡Uy!, la universidad se embolsa tanto', pero no es ni la tercera parte de lo que costó (el binacional)".

Y se refiere específicamente a este encuentro anual de danza: la realidad, asegura, es que cada vez resulta más difícil llevarlo a cabo, porque el presupuesto no se incrementa en un porcentaje suficiente. "Por ejemplo, en los primeros años podíamos dar cursos que ayudaban a capacitar, a incrementar, a favorecer la formación de los que están estudiando danza o que imparten clases. Pero ya hoy en día, el presupuesto (apenas) alcanza, arañando las paredes, para pagar a los grupos.

"Yo no sé cuánto tiempo más vaya a sobrevivir el binacional, pero espero y deseo –y sé que la universidad también lo desea, y el INBA– que sobreviva", externa. "Hasta ahorita nadie me ha dicho que éste es el último, ni mucho menos, pero yo sé que cada día es más difícil. A lo mejor el próximo año en lugar de diez grupos son cinco, qué sé yo".

Recuerda cómo desapareció otro magnífico festival –como lo califica–, el llamado Octubre Internacional, realizado en Mexicali anualmente durante los ochenta.

"Vamos a suponer que el año que entra el INBA recortara su presupuesto y quitara los apoyos a los festivales, no sé si la universidad pudiera solventar éste por sí sola. Entonces, la única manera de que sobreviva es que sea autofinanciable".


La nobleza del arte

Bojórquez pone énfasis en la valorización de la actividad artística por parte de la sociedad: "El arte es el alma de los pueblos", expresa.

Si desapareciera el encuentro binacional, o la danza en el mundo, la vida de todos modos continuaría, dice; pero ya no existiría una conciencia colectiva, que es el arte en cualquiera de sus manifestaciones.

"Nosotros conocemos lo que fue de los hombres del pasado por lo que nos dejaron en su arte. Yo me imagino que dentro de quinientos, seiscientos años, alguien encontrará estas fotos (de los encuentros binacionales), o habrá una presencia de lo que hicimos, y entonces podrán decir: '¡Ah, miren!, eran así, creían en esto, pensaban en esto'. Podrán esos humanos del futuro tener raíces de donde agarrarse".

"Afortunadamente, lo único que perdura del hombre es lo bueno, y dentro de las cosas más nobles que hace el hombre está el arte", señala.

–Con las actividades artísticas se podrán desterrar los prejuicios, como el de las protestas por el cartel promocional del encuentro –le comenta el reportero.

Ella niega con la cabeza. "Yo lo pensaba así, pero lo que pasa es que seguirá habiendo partes cerradas, que no se van a poder permitir jamás el lujo de abrirse a estas actividades.

"No sé... habrá que esperar".

martes, 20 de noviembre de 2007

Falacias de la UABC





Publicado en la revista electrónica De por acá, vol. 2, 30 de marzo de 2007.


Considerada una de las mejores instituciones de educación superior en nuestro país, la UABC pasa actualmente por una etapa de triunfalismo, que la coloca en la cima de la calidad, no obstante que diversas manifestaciones y señalamientos de los propios universitarios la muestran tal como es: una institución con fortalezas, pero también con importantes deficiencias.






Por Carlos Alberto Gutiérrez Aguilar


Cinco décadas después de su creación, la Universidad Autónoma de Baja California (UABC) es una institución vital para el desarrollo del estado. Con escuelas y facultades diseminadas en las principales poblaciones de la entidad, con miles de egresados que día a día ponen en juego –tanto en el sector privado como en el público– los conocimientos y la experiencia adquirida en sus aulas, y, en fin, con programas diversos (deportivos, culturales, de actualización) que atienden no sólo a los universitarios propiamente dichos, sino a la comunidad en general, nuestra máxima casa de estudios es un factor de peso en nuestra vida social, económica y política.

Es tal su trascendencia, que la XVIII Legislatura declaró a este 2007 como Año del Cincuentenario de la Universidad Autónoma de Baja California.

En los tiempos recientes la universidad ha consolidado su posición en el conjunto de las instituciones de educación superior en México. La propaganda oficial se ha montado en este hecho para presumir de que la UABC es la universidad pública número uno (aunque el anterior secretario de Educación Pública, Reyes Tamez Guerra, dijo en la ciudad de Tijuana, el 2 de noviembre pasado, que se encuentra entre las 14 mejores del país; y no obstante que evaluaciones internacionales han destacado solamente a la Universidad Nacional Autónoma de México, de todas las instituciones superiores mexicanas, incluidas las privadas).

Durante la gestión rectoral de Alejandro Mungaray Lagarda, que terminó en diciembre de 2006, la UABC vivió un gran crecimiento, tanto en cantidad de alumnado como en instalaciones. En entrevista con el semanario Sietedías, el rector informó –ya próximo a finalizar su periodo– que el número de estudiantes inscritos en la universidad había llegado a 35 mil, en tanto que en 2002 la cifra era de 24 mil. Mencionó también que durante su cuatrienio se crearon siete escuelas: Artes, Deportes, CIC-Museo; Ingeniería y Negocios (San Quintín), Gastronomía y Enología (Ensenada) y Ciencias de la Salud e Ingeniería y Negocios (Guadalupe Victoria).

Un importante avance se dio igualmente en la planta académica, al reubicarse a un gran número de empleados administrativos, que regresaron al aula o a la investigación. Se reformó el estatuto universitario, y “ahora son 1,500 empleados administrativos y casi 3,500 profesores”, dijo el rector.

Y presumió, asimismo: “Yo recibí la universidad con un 43 por ciento de profesores con posgrado y la voy a entregar con un 90 por ciento”.

Por el continuismo


Y los cuatro finalistas en la carrera por la rectoría, el año pasado, se basaron en los logros reales (y algunos ficticios) de la UABC para proponer un camino de continuismo. El doctor Gabriel Estrella Valenzuela, quien a la postre resultó electo por la Junta de Gobierno para el cargo, se refirió así a la que estima la mayor fortaleza de la institución: “es considerada la mejor universidad pública estatal del país, que hasta el momento se ha sustentado con la continuidad de las tareas y de las acciones”.

Y agregó, en entrevista con La Crónica: “Además de que tiene un modelo educativo centrado en el aprendizaje, que permite que los alumnos tengan diversas opciones de estudio y al final que se puedan incorporar fácilmente al campo laboral”.

Ante el semanario Sietedías enlistó las ventajas que él ve en la UABC: “una oferta educativa diversificada que integra 2 programas de técnico superior universitario, 78 programas de licenciatura, 12 de especialidad y 35 de posgrado, a través de los cuales se atiende una matrícula de más de 35 mil estudiantes; además de los 69 cuerpos académicos que desempeñan las actividades de docencia, generación, aplicación y difusión del conocimiento, los cuales cuentan con una creciente capacidad académica, al estar integrados con base en una planta de 932 profesores de tiempo completo, de los cuales el 55% cuenta con el grado mínimo aceptable, el 79% con grado de maestría, el 24% con grado de doctorado, el 28% con el reconocimiento de perfil PROMEP (Programa para el Mejoramiento del Profesorado) y el 10% forma parte del Sistema Nacional de Investigadores.

“Esto ha permitido –prosigue el texto firmado por el reportero Francisco Javier Méndez– que este modelo educativo pueda ofrecer a sus estudiantes, entre otras cosas, opciones múltiples para la selección de programas educativos, mediante la modalidad de troncos comunes por áreas disciplinarias; formación integral, a través de la flexibilidad curricular, la incorporación de idiomas, actividades artísticas y deportivas, la prestación de servicio social, la incorporación de prácticas profesionales y la realización (de) estancias de aprendizaje extramuros acreditables; apoyos para su mejor desempeño, incluyendo atención psicopedagógica, tutorías académicas, acceso a equipo de cómputo, programas de movilidad estudiantil, y diversas modalidades de becas institucionales que facilitan su permanencia en la universidad”.

En esa visión idílica de nuestra máxima casa de estudios, Estrella Valenzuela negó que haya egresados de la UABC que carezcan de empleo: “No hay niveles de desempleo –aseguró a La Crónica–, la universidad no está generando desempleados, sino que ha estado desarrollando actitudes más emprendedoras en los jóvenes”.

Y cuando en Tijuana sus contrincantes en la contienda por la rectoría se refirieron al hecho de que el 90 por ciento de los estudiantes proceden de los estratos sociales medio y alto –dejando por un lado al sector menos favorecido–, el entonces secretario general de la administración de Mungaray Lagarda refutó lo dicho: “No tengo la impresión de que estamos atendiendo a la clase media y media alta”, expresó –según nota del diario El Mexicano–, y se refugió en la estadística: “Quiero subrayar que al principio de nuestra gestión eran 400 alumnos con beca Pronabes y hoy son 1,200, mientras que el sistema de becas de la UABC con recursos propios beneficia a seis mil jóvenes”.

Y una vez beneficiado con el mayor cargo en la estructura universitaria, Estrella Valenzuela anunció –por si había alguna duda– que su gestión proseguirá por el camino que trazaron sus antecesores.

“Rector: deja de mentir”.

Este discurso triunfalista de las autoridades universitarias –además de las políticas–, y de no pocos académicos e intelectuales, choca con la realidad. Ya el propio secretario de Educación del gobierno foxista, como se ha anotado líneas arriba, lo desmintió: “resaltó que de las 125 universidades públicas que hay en el país, la UABC está en la lista de las catorce mejores”, reportó el periodista Manuel Villegas, en La Crónica. No es, pues, la número uno.

Y diversos indicadores y manifestaciones de los propios universitarios, muestran la otra cara de la moneda: la universidad que no busca precisamente la realización plena del hombre, como señala su lema y es su misión.

Una muestra del desfase que existe entre el discurso y la realidad se dio a principios de mayo de 2006, cuando estudiantes de la Facultad de Ciencias Humanas, en Mexicali, increparon a Mungaray Lagarda por las necesidades sin atender que estaban sufriendo en su escuela. “Rector: deja de mentir, tenemos muchas carencias”, rezaba una de las pancartas con que lo recibieron, cuando acudió a inaugurar la cafetería. Los jóvenes le exigieron –según informó el semanario Sietedías– “que saque del olvido los talleres, así como (que se efectúe) una revisión del plan de estudios”, además de que se nombrara a un coordinador de la carrera de Psicología (cargo vacante desde hacía más de un año) y que atendiera “el descuido de personal docente”. En una fotografía podía apreciarse un cartel con que se cuestionaba así al rector: “¿Y la realización plena del hombre?”.

Otras muestras de inconformidad estudiantil se habían manifestado ya, en los primeros meses de 2005, cuando la Vicerrectoría de Mexicali pretendía cobrar por el uso del estacionamiento. Surgió entonces la Unión Democrática Estudiantil, que convocó a una manifestación en la unidad central para protestar. Según el diario La Crónica acudieron un centenar de estudiantes, quienes gritaron consignas en contra del pretendido cobro.

El estudiante José Manuel Córdova Tapia, de la Facultad de Ciencias Sociales y Políticas, expresó –al participar en el foro Reflexiones sobre la Educación Superior en Baja California, efectuado en mayo de 2006 por el Congreso del Estado– que se da “un choque de intereses entre las autoridades de la UABC y los estudiantes, que exigen calidad en la enseñanza, pues se sienten insatisfechos con lo que reciben. No se sienten representados por las sociedades de alumnos, como pasó cuando éstas aceptaron el cobro por el estacionamiento, que fue una venta de los intereses de los estudiantes. Nació entonces la Unión Democrática Estudiantil, que aglutinó a miles de estudiantes en torno a Vicerrectoría y echó atrás las intenciones de cobro del estacionamiento, signo del interés de privatizar la educación pública”.

Según este universitario, empezaron a crearse en la UABC grupos estudiantiles para pugnar por el respeto a los derechos de los alumnos y por que haya espacios de expresión. él mismo formó parte de uno de esos grupos, en su facultad. “Se está buscando que la universidad funcione para lo que fue creada, que es la convergencia de la universalidad del conocimiento. (Los alumnos) se han dado cuenta de los órganos colegiados, que permiten tomar decisiones directas, y se están organizando para tomar posiciones dentro de los consejos técnicos y el Consejo Universitario, para hacer valer su voz”.

Y denunció, ante la presencia de catedráticos de la UABC y el mismo representante del rector: “Pero estos grupos están siendo atacados por las autoridades de las unidades académicas y por las sociedades de alumnos, que los consideran antagónicos y se sienten desplazadas por ellos. Se ha tratado de identificarlos con algún partido, pero no se les ha podido colgar la etiqueta, en tanto que las sociedades de alumnos son presas del PRI y del PAN”.

Una disciplina extrema

Esa pasividad en que la universidad ha sumido a su estudiantado la criticó de este modo –en un artículo periodístico– el ex abogado general de la UABC y exdirector de la Facultad de Derecho de Mexicali, Daniel Solorio Ramírez:

“Somos una comunidad muy estable, eso sí. Los estudiantes que a duras penas logran inscripción en la UABC están agradecidos, eso sí. Asisten a clases con mediana regularidad, eso sí. Respetan a sus profesores y directivos (o al menos lo fingen), también es cierto. No se meten con nosotros cuando se trata de implantar un nuevo plan de estudios, o de quitar o poner asignaturas. Prefieren decir con desgano que nosotros sabemos hacerlo muy bien. Por eso somos sus mayores.

“Por eso aquí en la UABC vivimos tranquilos. Generaciones van y generaciones vienen y todo aquí muy bien. (…) Según mi hipótesis les hemos impuesto (a los estudiantes) una disciplina extrema. Les hemos infundido temores que no debiera tener la juventud. Ese respeto profundo, sordo, inexplicable, ese temor casi reverencial por la autoridad no es propio de la juventud”.

Y en otro artículo de esa misma serie (titulada “¿Quiere usted ser rector?”, aparecida en La Crónica en noviembre pasado), el actual catedrático de la Facultad de Derecho y asesor externo del Congreso del Estado agregó, refiriéndose también a los alumnos de la universidad:

“Ya no les exigimos examen profesional, ni tesis de licenciatura, ni curso de titulación ni memoria escrita. Ya ni siquiera será exigible ese extraño examen del Ceneval. ¿Por qué queremos echarlos fuera tan rápido? ¿De dónde sacamos que somos tan, pero tan buenos, que ya no podemos dudar de su alta preparación? ¿Cómo fue que llegamos a esto?”.

Otro reconocido abogado universitario –y también catedrático de la Facultad de Derecho–, Arnoldo A. Castilla, informó en su artículo periodístico “Carta a don Gabriel Estrella Valenzuela”, del 11 de noviembre de 2006, que “un grupo de profesores, conscientes de nuestra responsabilidad, sabedores de que la apatía y la desesperanza a nada conducen, hemos decidido tratar de impulsar una conciencia de renovación de la comunidad universitaria”.

Y en tanto que el discurso oficial proclama la calidad de los alumnos y los egresados de la UABC, Castilla señaló: “La investigación y la docencia deben reflejar el estudio de problemas actuales, como ¿por qué nuestros estudiantes no leen?”.

Y esa “disciplina extrema” que señala Solorio Ramírez, y esa “apatía” a que se refiere Castilla, se reflejan en el desinterés de los alumnos por lo que ocurre a su alrededor. Así, por ejemplo, al ser electo el nuevo rector, 30 por ciento de los estudiantes entrevistados por Periódicos Healy en los campus de Tijuana y Mexicali no expresaron opinión alguna sobre el hecho.


Voces tímidas cuestionadoras
Pero, aunque apáticos, los universitarios tampoco se tragan el cuento de la calidad, ni muestran conformidad con lo que reciben –como lo señaló el estudiante José Manuel Córdova Tapia en el mencionado foro del Congreso local.

En un sondeo de La Crónica, efectuado en vísperas del nombramiento de Gabriel Estrella Valenzuela para que ocupe la rectoría hasta 2010, sólo el 7.6 por ciento de los 66 estudiantes entrevistados respondió afirmativamente a la pregunta: “¿Crees que los maestros que imparten clases en la UABC son de buena calidad?”. Y al pedírseles que calificaran a los docentes, en una escala del 1 al 10, el resultado fue de 6.6

Y no obstante que los catedráticos entrevistados en el mismo sondeo del diario mexicalense dijeron (un 92 por ciento de ellos) que los alumnos egresados son profesionistas de calidad, el 28 por ciento de los 25 entrevistados señaló que no recibe los suficientes apoyos para impartir una educación de calidad.

En su serie de artículos, el abogado Solorio Ramírez escribió: “tengo para mí que nuestra calidad no es tanta como afirma la intensa campaña de prensa, radio y televisión que nos lo repite con vigor inusitado. Tal vez nos está costando demasiado dinero tanta publicidad. Y quizá sus frutos sean magros”.

Y agregó: “Quizá fuera preferible, digo yo, no tener tantas certificaciones, ni tantos premios, ni tantos reconocimientos estruendosos, con tal de que estuviéramos contribuyendo (con mayor eficacia) a formar seres humanos más conscientes del entorno en que viven, con mayor capacidad para transformar su realidad y construir con sus manos (y con sus ideas) su propio destino. Para eso es la educación a fin de cuentas. Mi hipótesis es que hemos confundido la educación con la mera instrucción (…) Hoy nosotros tenemos una comunidad universitaria apacible, sí, pero la estamos capacitando más para el trabajo, más para conseguir empleo, que para el ejercicio pleno de la condición de ciudadanos. Esto no debiera alegrarnos demasiado”.

Y él no es el único cuestionador del discurso oficial. Según anotó, “por las rendijas y entresijos de nuestra amada estabilidad se escuchan voces tímidas que ya expresan sus dudas. Dicen que quizá detrás de tanto éxito se esconda una falacia. Sospechan que aquí hay ‘gato encerrado’”.

Y es que –escribió además Solorio Ramírez, quien en dos ocasiones compitió por ocupar la rectoría de la universidad– “todos los profesores e investigadores somos en la UABC convidados de piedra, marginados de los procesos de decisión que definen el rumbo de nuestra casa de estudios. Esta situación, lejos de educar, fomenta el individualismo egoísta, la apatía, el desdén, la desgana y la competencia desleal. El aislamiento, la insolidaridad son también sus consecuencias”.

Arnoldo Castilla, por su parte, señaló que “es necesaria la apertura de un foro de reforma jurídica universitaria para la elaboración de un anteproyecto de nueva ley orgánica que diseñe mecanismos más acordes con la realidad universitaria en las decisiones que afectan directamente la vida de la institución”.

En su “Carta a don Gabriel Estrella Valenzuela” –publicada al día siguiente del nombramiento del nuevo rector–, expresó: “Es mucho lo que profesores, investigadores, alumnos y empleados tenemos que decirle. Ojalá se abran los espacios necesarios para la comunicación y la reflexión dentro de nuestras comunidades”.

¿Puerto libre?


Publicado en 2005.



Por Carlos Alberto Gutiérrez Aguilar


Dicen que la verdad no peca, pero incomoda. Cuando se nos pone frente a nuestro propia imagen, cuando se nos descubren nuestros errores y miserias humanas, resulta difícil encarar la realidad que hemos preferido olvidar o al menos mantener oculta ante los demás. Y tal actitud es, simplemente, signo de inmadurez.

Cuando en la prensa se vierten opiniones desagradables para nosotros, y no disponemos de argumentos para oponerles, el insulto es la única salida posible. ¿Qué nos queda, a falta de válidas defensas?

Y si al presidente Vicente Fox y a su esposa Marta (¿o será más correcto escribir: “la presidenta Marta Sahagún y su esposo Vicente”?) les molestan los señalamientos de periodistas críticos, ambos recurren al denuesto. Antes los señalaban de irresponsables; hoy los acusan de refriteadores de información, difamadores o calumniadores. Lo menos que les endilgan es el adjetivo de seudoperiodistas.

Y si a un grupo de ciudadanos les causa escozor una crítica, de inmediato alzan sus voces para reclamar porque tal o cual caricaturista, columnista, ensayista, osó tocar con el pétalo de sus agudos juicios al gobernante en turno o al terruño de sus amores.

Los últimos días nos han dado muestra del grave riesgo en que nos encontramos como país, ante la avanzada que han logrado los grupos más conservadores y retrógrados, peligrosos porque esconden su verdadero rostro bajo la apariencia de tiernas e inofensivas ovejas. Y su embestida va directa en contra de lo que hemos alcanzado en el camino hacia una nación justa y democrática. Se pronuncian por el endurecimiento del tejido social para acabar con la delincuencia, y por el acallamiento de la crítica para “quitarle el freno al cambio”.

Intolerancia oficial

El 27 de febrero pasado, la revista Proceso (núm. 1478) publicó una nota firmada por la periodista argentina Olga Wornat, en la que ésta reprodujo fragmentos de un documento presentado por la propia Marta Sahagún ante los tribunales eclesiásticos, en la búsqueda de la anulación de su primer matrimonio.

En esa ocasión, la señora de Fox aparentó no querer darle mayor importancia al hecho. Pero todo cambió semanas después, tras haber salido a la venta el libro Crónicas malditas desde un México desolado, donde Wornat, su autora, presenta duros señalamientos sobre el presunto tráfico de influencias del que se han beneficiado los hijos de la también llamada primera dama.

Ante el escándalo que se iniciaba, y en una quema distractora de fuegos pirotécnicos, la actual huéspeda de la residencia oficial de Los Pinos presentó una demanda civil contra la reportera argentina y el semanario. Sin embargo, cubiertita por su piel de oveja, desde su oficina doña Marta propició que se creyera la especie de que se denunciaba solamente a la reportera por la publicación de las denuncias contra sus hijos.

De inmediato, la revista e importantes analistas, investigadores y periodistas advirtieron sobre lo que en realidad era “una agresión desde el poder”. En un editorial (núm. 1488, 8-V-2005), el semanario señaló: “El litigio que viene tiene que ver, pues, con derechos fundamentales que al país le ha costado mucho esfuerzo adquirir y conservar. (…) Pero el tema no se limita al ámbito jurídico. Se trata del poder y de su ejercicio arbitrario. El poder trastorna y quienes se asumieron como adalides del cambio, quienes se colocaron la medalla de redentores después de llegar a Los Pinos, muestran hoy su verdadero rostro: el de la intolerancia”.

Rostro que apareció ante las cámaras finalmente el pasado viernes 3, cuando el presidente Vicente Fox se ufanó en Colima de “las faldas” de su esposa y presumió: “Nunca antes una Presidencia de la República, una primera dama se animó a enfrentar a la prensa; a la prensa, en particular, que calumnia o que engaña”. Más claro el origen de la demanda legal, ni el agua.

De inmediato, Proceso se declaró agraviado y presentó, ese mismo día, una queja ante la Comisión Nacional de los Derechos Humanos, a la que le pidió que sancione públicamente al titular del Poder Ejecutivo federal. El director de la revista, Rafael Rodríguez Castañeda, dijo a La Jornada que “el presidente Vicente Fox (…) olvida que sus declaraciones tienen un efecto que va más allá de los comentarios, en un sistema presidencialista en el que el gobierno de la República recae en su persona, lo que alienta una interpretación que establece un rechazo a los medios de comunicación que laboran de forma crítica, lesionando el ejercicio de la libertad de expresión” (http://www.jornada.unam.mx/2005/jun05/050604/003n2pol.php).

He ahí el riesgo que estamos corriendo: que, en esta época tan convulsa social y políticamente, gobernantes y grupos de poder se envalentonen con la actitud presidencial e incrementen sus empeños por acallar a la prensa realmente cuestionadora y honesta.


¿Tierra de todos?

En nuestro estado, y en otro ámbito, también se pugnó (o seguirá pugnándose, quizá) por atacar la libertad de expresión, conquistada tan penosamente por los mexicanos. El objeto de los ataques en este caso no ha sido un periodista, sino el escritor tal vez más conocido de los nativos en la entidad.

Ya se ha informado en estas páginas de cómo causó una gran polémica la publicación del texto de Gabriel Trujillo Muñoz titulado “Tijuana: Puerto libre, tierra de todos” –que forma parte del libro La cultura bajacaliforniana y otros ensayos afines, editado por el CECUT y el Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, y que fue reproducido en la edición de mayo de la revista TijuanaMetro.

El periodista Jaime Cháidez Bonilla publicó (Sietedías, núm. 434, 4-VI-2005) el recuento de una jornada radiofónica (la del 26 de mayo anterior), en la que el conductor Manuel Suárez Soto, de la estación tijuanense Radio Capital, incitó a su auditorio a que se manifestara en contra de los juicios del escritor sobre su ciudad. Azuzados por el locutor, los radioescuchas tomaron el teléfono furibundos y lanzaron encendidas acusaciones al autor de los fragmentos que estaban escuchando.

Y en quienes podríamos esperar que dominaran la cordura y la amplitud de criterio, precisamente tales cualidades están ausentes. Fue el profesor de la UABC Juan Jaime Ojeda quien facilitó el texto a Suárez Soto (conductor que, dicho sea de paso, puso en evidencia su nivel de conocimiento de la actualidad cultural local, pues desconocía quién era Gabriel Trujillo Muñoz y tampoco tenía mayores antecedentes de la revista TijuanaMetro, con varios años de ser publicada en la vecina ciudad).

Pues el profesor Ojeda no está solo en sus carencias: según dijo por el teléfono, maestros de las facultades de Derecho y de Odontología de nuestra máxima casa de estudios enviarían sendas cartas al autor del texto y al rector Alejandro Mungaray Lagarda, repudiando los juicios del escritor. Y él mismo anunció: “Yo en lo personal voy a hablar con los regidores de extracción nuestra (sic) para que en sesión de Cabildo le dé lectura a este libelo denigrante y si así lo consideran declaren persona no grata a este personajete (sic)”.

(El 30 de mayo, por su parte, el coordinador del Grupo 21, Olegario Miller Gastélum, manifestó también su molestia y la de sus compañeros, pues en su opinión las afirmaciones del escritor “en nada ayudan a la imagen de esta ciudad”.)

¿Declarar “persona no grata” a quien expone sus apreciaciones públicamente? ¿No será suficiente con disentir de lo opinado por el otro? ¿O, mejor, con trabajar para que las miserias que no se deseen descubiertas desaparezcan y dejen su paso a una nueva realidad, de la cual sentirse orgullosos?

¡Cuidado! La libertad de expresión no ha sido un regalo de los dioses. Ahora, que presuntamente estamos construyendo una nueva nación, no abramos otra vez la puerta a la intolerancia. Hagamos en verdad, de México y Baja California, como diría Trujillo Muñoz, un “puerto libre”, una “tierra de todos”.

lunes, 6 de agosto de 2007

“Escondida por los rincones, temerosa…”

Publicado en Sietedías en 2005.


Por Carlos Alberto Gutiérrez Aguilar


“¿Será necesario que recurramos al fotocopiado para que nuestros niños o jóvenes tengan acceso a la literatura que se ha creado en su propio estado en las dos últimas décadas?”. Esta pregunta, que me hice y le hice a usted, lector o lectora, hace algunas semanas, me la han planteado en días pasados algunas personas, precisamente en referencia a lo que expuse en el artículo “¿Perecedera, nuestra literatura?”.

Y es que, por lo que he podido ver, para quienes gustamos de la lectura de obras literarias --y que estamos conscientes de la existencia de pujantes letras regionales--, es una verdadera preocupación el que las obras de autores bajacalifornianos están tan poco difundidas entre la población en general, e incluso entre la totalidad de la llamada comunidad artística, cultural e intelectual del estado.

Esta situación es compleja, y no se constriñe a la falta de reediciones. Para buscar alternativas de solución, debemos acercarnos a sus causas, que son variadas. He aquí algunas de ellas:

a) Las autoridades y los funcionarios de los ramos cultural y educativo no cuentan con la suficiente visión que les permita valorar la importancia de la obra escrita. (O quizá es lo contrario: precisamente porque valoran tal importancia optan por minimizar los programas editoriales, pues un pueblo que no lee --recordemos el consejo del presidente Vicente Fox-- se vuelve fácilmente manipulable). Sólo de esta manera puede explicarse que la Secretaría de Educación y Bienestar Social no cuente con un programa de publicaciones, ni siquiera con una revista educativa; que el Instituto de Cultura (ICBC) haya prácticamente abjurado del programa que tuvo hace algunos años; que los sucesivos ayuntamientos hayan editado títulos gracias a las ocurrencias o compromisos de alcaldes y funcionarios de cultura, más que a una política definida; que la Universidad Autónoma de Baja California (UABC) haya reducido a su mínima expresión su labor de fomento y difusión de las letras locales. (De las restantes instituciones, sólo el Centro INAH creó en estos años un proyecto editorial, hoy con un futuro incierto.)

b) Cuando existe, el presupuesto para las áreas editoriales es insuficiente. Al menos, el destinado de manera directa a los rubros de edición de la obra, pues habrá que ver cuántos recursos se invierten en gasto corriente y manutención de la burocracia. Apenas alcanza para modestos tirajes (300, 500 ejemplares, comúnmente) de la primera edición de libros que podrían considerarse afortunados por recibir tal ayuda. Pensar, entonces, que se editará de nuevo un título, cuando hay otros inéditos expectantes por su turno, es inconcebible. Y si esperamos la publicación de una revista (¡al menos una!) que coadyuve a la difusión de nuestras letras, deberemos hacerlo sentados para no cansarnos.

c) El apoyo para los autores locales (con ciertas excepciones) es reducido, tirando a nulo. De esto pueden dar razón incluso investigadores y escritores que gozan ya, al menos en la localidad, de cierto reconocimiento. Un número importante de obras no ha sido publicado aún. Y si nos referimos a narradores, poetas y ensayistas noveles, el panorama es todavía más desolador. No hay ni siquiera certámenes dedicados a ellos. Recordemos que por obra y gracia blanquiazules desaparecieron los juegos florales a que convocaba el ayuntamiento. Y los talleres literarios prácticamente se extinguieron en la ciudad.

d) La difusión y promoción de la obra escrita es escasa. Las instituciones creen que su misión está cumplida con haber publicado el libro. Si acaso, organizan una o algunas presentaciones públicas, pero es el propio escritor quien tiene que conseguir su auditorio. Los funcionarios y sus empleados sólo anuncian el acto a un grupo selecto de “suscriptores”; mandan el boletín a los medios esperando que sean éstos quienes se encarguen de difundir el evento; tal vez distribuyen algunos volantes o peguen carteles, y (si es que el presupuesto dio para tanto) con suerte organizan una presentación en otra ciudad, pagando mínimos viáticos al autor. Y ya. El resultado son presentaciones editoriales muchas veces deslucidas, con la presencia sólo de los organizadores, el escritor, su familia y sus amigos cercanos, algún reportero (si acaso) y una o dos personas desbalagadas. Los creadores foráneos, en su caso, terminan presidiendo un “petit comité”... Y en cuanto a puestos propios de venta, el ICBC mantiene sólo una librería, escondida como la muñeca fea; la universidad, las mismas oficinas del Departamento de Publicaciones, frente a Rectoría, y en parte la tienda de Sorteos en el Centro Comunitario Estudiantil (donde lo que importa vender son precisamente los productos universitarios, y no los libros y revistas de sello cimarrón).

e) En los medios masivos de comunicación no hay en absoluto interés por difundir la obra local. A lo más que se llega es a publicar el boletín de la presentación, o en ciertas ocasiones a enviar a un reportero o reportera que en su novatez llena de adjetivos la nota o sólo informa de manera escueta acerca del acto en sí (y no sobre la obra ni el escritor); si el autor ha tenido la oportunidad de que algún colega o amigo haya escrito una reseña o comentario de su libro, en los periódicos se brinda el espacio para su publicación. Nada más. Impensable, una entrevista con quien presenta su nueva obra, o con sus editores; ni en sueños, un suplemento literario; brincos diéramos por cuando menos una sección de promoción de la lectura. Nuestro periodismo cultural, generalmente, no da para tanto. Y en los medios electrónicos, las referencias a la literatura regional brillan por su ausencia (salvo en contados casos).

f) En las librerías locales, las pocas letras mexicalenses (ya no bajacalifornianas) que se ofrecen en venta permanecen “en la mesa del rincón”, como dirían los Tigres del Norte. Para encontrarlas, hay que saber el camino; a veces, hurgar entre ejemplares de otros títulos que se apilan unos sobre otros y las ocultan. Y es que, sinceramente, no resultan negocio, a diferencia de los best-sellers, o los libros de autoayuda, o las publicaciones que dan cuenta de los escándalos políticos actuales. Y los libreros son vendedores, no promotores culturales. No podemos esperar que ellos asuman la tarea con que no cumplen los funcionarios culturales ni los medios de comunicación.

g) Con precios comerciales, las letras regionales deben competir con literatura más conocida y apreciada por el público. En el último decenio, tanto el Instituto de Cultura como la universidad han sacado a la venta sus nuevos títulos a precios de editoriales mercantiles. No obstante, la difusión y las estrategias de comercialización son deficientes, comparadas con aquellas de que goza la obra comercial. Lógico es suponer, entonces, que el lector común preferirá una obra anunciada con un gran despliegue publicitario, a otra de la que no ha oído antes o cuyo autor desconoce. Ni siquiera en la feria del libro de la UABC los libros recientes de los escritores locales tienen un precio accesible para la mayoría.

h) La literatura local es una desconocida en nuestras escuelas, de todos los niveles. Las causas son las razones expuestas anteriormente, además del desinterés y bajísimo nivel de lectura de nuestros profesores y profesoras. Es la verdad, aunque duela. ¿Cómo podemos promover los docentes las letras bajacalifornianas entre nuestros alumnos y alumnas, si no tenemos contacto con ellas; si no sabemos que existen; si pensamos que carecen de calidad; si no nos resultan tan atractivas como las obras de Carlos Cuauhtémoc Sánchez, Paulo Coelho o Daniel Brown? Y si no leemos, ¿qué ejemplos de lectores podremos dar a niños y jóvenes?

i) Si el escritor quiere resultados, debe convertirse en su propio promotor. Atenerse a la buena voluntad de los funcionarios y los editores periodísticos no garantiza nada bueno. El autor mismo debe salir, pues, con sus libros bajo el brazo, buscar los espacios para presentarlos, recorrer escuelas para ofrecerlos en venta --por lo general a crédito, consciente de que los intentos para cobrar el adeudo darán material para toda una nueva novela--. Sólo así han logrado agotar sus ediciones creadores e investigadores como Celso Aguirre Bernal, Manuel Rojas, Yolanda Sánchez Ogás, Valdemar Jiménez Solís, Mario Bojórquez, Gabriel Trujillo Muñoz (quien es, por otro lado, quizá el que ha obtenido el mayor número de apoyos, por la cantidad y calidad de su obra, además de sus relaciones personales), por citar sólo algunos ejemplos de escritores que tienen el espíritu del vendedor.

Este somero diagnóstico de la deficiente difusión de nuestras letras no pretende causar desánimo. Por el contrario, ansía servir como panorama concientizador que nos lleve a actuar, desde la trinchera en la que podamos hacerlo: docentes, periodistas, autores, promotores culturales, simples lectores y, ¿por qué no?, funcionarios del ramo. Vayamos logrando el cambio, aunque sea poco a poco. Somos nuestra única esperanza.

viernes, 21 de julio de 2006

DOS CARAS DE LA UABC (2 de 2)

Publicado en el semanario cultural Bitácora, núm. 491, del miércoles 12 de julio de 2006.

En la UABC garantizamos la libertad de expresión de nuestros catedráticos. Por eso, cuando alguno de ellos manifiesta libremente su punto de vista, lo destituimos de su cargo, para que siga opinando sin ninguna cortapisa. Vamos rumbo al 50.
Parodia de la propaganda oficial universitaria

Por Carlos Alberto Gutiérrez Aguilar


Por lo expresado en el foro de discusión Reflexiones sobre la Educación Superior en Baja California por el secretario de Rectoría e Imagen Institucional de la UABC, Ángel Norzagaray Norzagaray, nos queda claro cuál es el nivel de participación deseable de los jóvenes universitarios, desde la óptica de los mandamases de nuestra máxima casa de estudios.

Preguntó Norzagaray en ese acto –efectuado el lunes 22 de mayo, en el Congreso del Estado–: “¿La participación estudiantil son las paredes rayadas? ¿De verdad el muchacho no participa, o sus intereses son otros? ¿No participan –los alumnos– en la vida académica, como en los concursos, o nuestros prejuicios no nos permiten verlo desde afuera?”. De acuerdo con su vocero, entonces, los poderosos de la universidad estatal se conforman con que los estudiantes se limiten a la participación dentro de sus clases, sin que vayan más allá. ¿Dónde quedaría, entonces, la “realización plena del hombre”?

El foro de discusión mencionado cerró con broche de oro con la intervención de José Emmanuel Córdova Tapia, alumno de la Facultad de Ciencias Sociales y Políticas de la UABC. Él afirmó que “el estudiante, antes pasivo, hoy tiene un nuevo despertar: hoy ya no se siente representado, muchas veces, por las sociedades de alumnos, y toma la iniciativa. Estas mismas acciones han puesto en alerta a las autoridades, que las consideran un peligro, pues temen las huelgas y las grillas.

“Lo que se da –prosiguió– es un choque de intereses entre las autoridades de la UABC y los estudiantes, que exigen calidad en la enseñanza, pues se sienten insatisfechos con lo que reciben. No se sienten representados por las sociedades de alumnos, como pasó cuando éstas aceptaron el cobro por el estacionamiento, que fue una venta de los intereses de los estudiantes”.

Tras recordar que en ese contexto surgió “la Unión Democrática Estudiantil, que aglutinó a miles de estudiantes en torno a Vicerrectoría y echó atrás las intenciones de cobro del estacionamiento, signo del interés de privatizar la educación pública”, Córdova Tapia mencionó que “esta nueva forma de ver la realidad trajo como consecuencia la formación de organizaciones estudiantiles, pues los alumnos exigen respeto a sus derechos y espacios de expresión”.

“Pero estos grupos –denunció– están siendo atacados por las autoridades de las unidades académicas y por las sociedades de alumnos, que los consideran antagónicos y se sienten desplazados por ellos. Se les ha tratado de identificarlos con algún partido, pero no se les ha podido colgar la etiqueta, en tanto que las sociedades de alumnos son presas del PRI y del PAN”.

“Efecto manada”

Todos quienes hemos pasado por las aulas universitarias sabemos –para qué engañarnos– que lo manifestado por este alumno es cierto. Todos lo sabemos, pero nadie lo dice. La mayoría de los investigadores, creadores, catedráticos, funcionarios, guardan un silencio cómplice, por las más variadas razones. Y los estudiantes lo ven como algo normal, pues jamás han vivido la democracia en ninguno de los niveles escolares precedentes.

Esta situación de aletargamiento al interior de la UABC –y de franca represión en algunos casos, como se ha puesto en evidencia en las semanas recientes– tiene su origen en el sometimiento violento de la huelga de principios de los ochenta. Gobernaba entonces la universidad Rubén Castro Bojórquez, quien en los tiempos que corren ha cobrado de nueva cuenta un gran protagonismo dentro de la UABC.

La cronista del valle de Mexicali Yolanda Sánchez Ogás, egresada de la entonces Escuela de Pedagogía universitaria y exmaestra de la Preparatoria Mexicali (hoy COBACH Mexicali I) –cuanto aún dependía de la UABC–, recuerda (Sietedías, núm. 479, 24/06/06) que el gobierno del estado desligó de la universidad a las preparatorias, como una de las medidas para finalizar con la huelga. Califica lo anterior como un sistema altamente represivo, “porque en muchos movimientos ellos (los preparatorianos) eran la avanzada, pues eran los más jóvenes y no tenían intereses creados”.

De acuerdo con Sánchez Ogás, se crearon reglamentos sumamente autoritarios, “y hasta los mismos maestros tenían que firmarlos y se convencían de las reglas que tenían que aplicar con los muchachos… Toda esta represión fue con el objeto de convertir a la UABC en un centro de estudios donde no hubiera gente que se atreviera a protestar”.

Y se llegó así al estado actual de cosas, en que los universitarios se limitan a participar en “concursos”, es decir, en el ámbito académico. Sin embargo, es muy cuestionable también lo alcanzado en este terreno. La misma Sánchez Ogás confía: “Se dice mucho que la universidad es la número uno del país, la misma universidad propala eso. Yo no sé qué tan cierto sea, pero yo platico con estudiantes cuando me invitan a dar charlas a las diferentes facultades, y su nivel intelectual es muy, muy bajo” (ibidem).

Y en cuanto a la participación social de los estudiantes, en verdad es inexistente. El propio Norzagaray Norzagaray –quien años antes había criticado con dureza esta situación, lo que lo llevó incluso a una discusión con alumnos de la Facultad de Derecho– lo reconoció de manera implícita, al reducir el campo de acción del universitario a lo académico.

En un artículo publicado en el diario La Crónica (04/07/06), Javier Alcántar Toledo (economista egresado de la UABC) escribió que, entre los jóvenes, “las convicciones no se tienen bien definidas (ni siquiera sabemos si las tenemos), somos más dóciles, indiferentes; somos una especie de materia prima para el ‘efecto manada’”. Y agregó: “De hecho, es muy normal que en una cotidiana plática entre jóvenes se sienta la tensión que genera el ambiente de indiferencia que se tiene ante la política, ante los actos de los gobernantes. La aversión generada por los jóvenes en torno a la cosa pública es avasalladora”.

Una de las muchas consecuencias de este rechazo a los asuntos de interés público, es el alto nivel de abstencionismo que se da en el estado durante los procesos comiciales. El consejero electoral (y también egresado de la UABC) Víctor Alejandro Espinoza Valle, comentó al reportero Moisés Márquez, de La Crónica (04/07/06), que “el grueso de abstencionistas siguen siendo los jóvenes, los que inician en la edad ciudadana y ese (sic) es el reto de cómo interesarlos, cómo involucrarlos, quitarle el velo a la política de algo malo y ruin”.

He ahí uno de los grandes retos, que al menos las actuales autoridades de nuestra máxima casa de estudios no se muestran interesados en afrontar. En declaraciones cantinflescas –ignoro si por mala redacción del reportero, o porque el propio entrevistado no sabía de lo que estaba hablando–, el rector Alejandro Mungaray Lagarda se mostró optimista ante los niveles de votación esperados para la jornada del domingo 2 de julio. Sin embargo, culpó a los partidos de que “no han ayudado a generar un ambiente de participación”. Y “mencionó que las personas están inhibidas sobre todos (sic) los jóvenes, quienes además de decidir por quién votar, también quieren estar seguros de por qué es necesario participar” (La Crónica, 30/06/06).

¿Y qué piensa hacer la UABC para erradicar esa “inhibición” de los jóvenes e informarles –o guiarlos para que se informen– sobre “por quién votar” y “por qué es necesario participar”? Nada dice al respecto el funcionario. Hasta ahora, lo único que ha hecho la universidad es convocar a debates semipúblicos entre candidatos, actos donde se exige a los asistentes que permanezcan inmóviles en sus asientos, sin aplaudir, silbar, hablar, respirar… Y ya.

¿Pero cómo podemos esperar que los universitarios se inserten en la naciente vida democrática de nuestro país, si la democracia está ausente en los campus de la UABC? El destituido subdirector del Instituto de Investigaciones Sociales José Moreno Mena, expresó el 15 de junio en el comentario radiofónico que sirvió de excusa para cesarlo: “Yo me pregunto con qué cara los académicos que participaron en esas comisiones (en que le negaron a la doctora Lya Margarita Niño Contreras la plaza por la que había concursado) se pueden parar frente a sus alumnos y hablarles de valores, de imparcialidad, de justicia y legalidad, si ellos son los primeros en violarlos”.

DOS CARAS DE LA UABC (1 de 2)



Por Carlos Alberto Gutiérrez Aguilar
gutierrezaca@yahoo.com.mx


En la carrera hacia la sucesión rectoral, en los últimos días la Universidad Autónoma de Baja California no ha podido evitar que se muestren dos de sus caras: por un lado, la propaganda oficial ha seguido presumiendo de más reconocimientos que certifican que, en teoría, nuestra máxima casa de estudios ofrece un servicio educativo de calidad. En conferencia de prensa en el Casino de Mexicali (no en las instalaciones universitarias), el rector Alejandro Mungaray Lagarda se jactó de que la UABC es la primera institución de educación superior en el país “que tiene toda su oferta acreditada” (La Crónica, 23/06/06, pág. 2A).

Pero poco antes, otra de las caras de nuestra universidad se había hecho pública –tímidamente, dada la complicidad de la mayoría de los medios de comunicación con el poder–: en represalia por haber protestado por una más de las injusticias laborales que se han estado cometiendo en el seno de ella, el subdirector del Instituto de Investigaciones Sociales (IIS), José Moreno Mena, fue cesado de su cargo (“La Estampida de los Búfalos”, de El Mexicano, 21/06/06, pág. 7A).
Con la despreocupación de quien se siente arropado por los poderosos, pues actúa en su nombre, Mungaray Lagarda reconoció, el mismo jueves, que el cese se debió a que el funcionario universitario había tomado partido, cuestionando el papel realizado por la instancia encargada de otorgar las plazas definitivas en el área de la investigación (noticiero Al Instante, 1340 AM, 23/06/06, 7:30 hrs.). En la visión del rector y de sus patrones, pues, los altos mandos de la UABC viven en el ámbito del dogma, que no puede ser tocado por el pétalo de una crítica; en este universo, entonces, los investigadores deben limitarse a asentir ante las decisiones tomadas.

Coto de poder

El caso que llevó al cese de Moreno Mena –una de las pocas voces realmente críticas dentro de la universidad– había sido dado a conocer semanas antes: la doctora Lya Margarita Niño Contreras había concursado por la plaza de investigador ordinario de carrera asociado nivel C, dentro del IIS. Sin embargo, la comisión dictaminadora y el jurado calificador decidieron otorgar la plaza a la maestra Oralia Villegas.
Las presuntas irregularidades fueron “que no se tomaron en cuenta los grados académicos de las concursantes, la antigüedad de las mismas, ni sus méritos académicos, tales como labores docentes y de investigación, entre otros” (Sietedías, núm. 477, 10/06/06, pág. 10). Denunciaron el caso, apoyando a la quejosa, los investigadores Gema López Limón, Enrique Priego Mendoza, Agustín Sández Pérez, Leticia Figueroa Ramírez, David Fuentes Romero, Norma García Leos y José Moreno Mena. Exigieron, en conferencia de prensa, que las autoridades universitarias explicaran los motivos que habían llevado a tomar tal decisión.

Niño Contreras consideró, en respuesta a las preguntas de los reporteros, que la actitud de la comisión dictaminadora probablemente “tenga relación con los problemas internos que se viven entre los cuerpos académicos de dicho instituto, ya que Oralia Villegas forma parte del grupo contrario al que representa la afectada” –según escribió el reportero Francisco Javier Méndez–. De ese modo, ella se queda “con la incertidumbre de cada seis meses de saber si te harán contrato de nuevo o no”, a pesar de que labora como docente en la UABC desde 1996, y como investigadora desde 1999, y de que es titular de proyectos de investigación (ibidem).

Este ambiente violatorio de las garantías laborales y constitucionales de los trabajadores de la universidad, fue puesto también en evidencia por la estudiante del doctorado en Ciencias Sociales de la UABC-UAS-UNISON-CIAD Lidia Suárez Sánchez, en una carta publicada en el diario La Crónica el miércoles 14 de junio (pág. 4A). Según narra en su misiva, en septiembre de 2003 el entonces director del IIS, Arturo Ranfla González, le notificó el término de su contrato laboral, “después de seis años de trabajo y otros tantos de colaborar como encuestadora y asistente de investigación en diversos proyectos en este instituto desde 1989, cuando era estudiante de Sociología”.

Entonces ella se dirigió al propio rector Mungaray Lagarda, quien le aseguró: “Todo se va a arreglar”, pero le advirtió: “No se vaya por la vía del conflicto”. Otra vez: asentir ante las decisiones. Suárez Sánchez relata que obtuvo su grado de maestría –lo que supuestamente necesitaba para recuperar la plaza– en la Universidad Iberoamericana de Santa Fe en la Ciudad de México. Sin embargo, al regresar a Mexicali el director Ranfla González “me sugirió buscar trabajo en otra parte”.

“Después de tres años –acusa–, las actuales condiciones de gestión universitaria han permitido que el instituto siga siendo el coto de poder de un reducido grupo hegemónico que no permite el desarrollo profesional de los investigadores que no corresponden a sus intereses o no van de acuerdo a la lógica instrumental de investigación que prevalece”.

“El desarrollo de la misma institución –continúa– (se ve entorpecido) a causa del continuo desgaste derivado de la descalificación, desconocimiento, desvalorización del trabajo que realizan los otros y el escaso diálogo académico e interacción entre los grupos”.

Nueve días más tarde, en el mismo diario apareció una carta de la investigadora también despedida Rosa Amelia Arballo Meza, quien considera que su cese del IIS “no fue un hecho aislado, sino que forma parte de todo un plan de quienes están en contra de que esta unidad académica siga desarrollando estudios sociales, especialmente relacionados con grupos vulnerables. Para lograr sus objetivos, están eliminando a cada uno de los miembros del cuerpo académico de estudios sociales, en vez de fortalecerlo. Y todo esto con la anuncia (sic) de su actual director, Pablo González Reyes”.

“(…) todo esto –prosigue– tiene su antecedente con la llegada de la tríada de ‘compadres’ al poder en el Instituto de Investigaciones Sociales, encabezado por reconocidos compañeros de trabajo, quienes han sido directores del instituto y no quieren dejar de mantener su poder y control sobre los demás académicos.

“Con el segundo periodo de Arturo Ranfla González (2001-2005) –continúa–, comenzó el desplazamiento de investigadores en ciencias sociales que ya teníamos mas (sic) de 15 años laborando y formándonos académicamente en la universidad, para dar paso a asistentes y colaboradores a su servicio, pero en las líneas de la ‘geografía virtual’ y de las ‘nuevas tecnologías’, sin preparación y sobre todo sin vocación por los estudios sociales”.
Arballo Meza finaliza su carta preguntando a Mungaray Lagarda: “¿Cuándo señor Rector en nuestra UABC se va ha (sic) terminar con el compadrazgo, el favoritismo y los privilegios de unos cuántos (sic)?”. Junto con ella, muchos universitarios y bajacalifornianos nos hacemos esa misma pregunta.

“Juventud disciplinadita”

La situación tan delicada que se vive al interior de la UABC cada vez traspasa más los propios campus, gracias a la valentía de alumnos, académicos y trabajadores que han decidido no guardar silencio, y al apoyo que han recibido de algunos –pocos todavía– periodistas, que han asumido cabalmente su compromiso con la sociedad.

Y esa situación preocupa, por el desfase de nuestra máxima casa de estudios con el momento actual de nuestro país. Según informó el maestro Alfonso Lizárraga Bernal (docente de la Universidad Pedagógica Nacional), en su columna “Visión Académica” del diario La Crónica (20/06/06, pág. 8A), en el primer foro organizado por el Consejo Consultivo por un Proyecto Alternativo de Nación –celebrado el sábado 17 de junio en las instalaciones de la CANACO–, se abordó el tema de la universidad autónoma.

“Surgió el problema de la necesidad de reformar la Ley Orgánica de la UABC –escribió el también coordinador del grupo Observatorio Ciudadano de la Educación en Baja California–, superando sus irregularidades jurídicas y las relaciones de opresión intelectual que la mantienen sumida en un clima de temor permanente a la exclusión, impidiéndole ser protagonista activa y comprometida en la solución de los problemas de la comunidad bajacaliforniana y así cumplir con su función de conciencia crítica, científica y social”.

El mismo académico, al participar en el foro de discusión Reflexiones sobre la Educación Superior en Baja California –el lunes 22 de mayo, en el Congreso del Estado–, había lanzado fuertes críticas a la UABC, en respuesta a la actitud complaciente mostrada minutos antes por el secretario del rector y director teatral Ángel Norzagaray Norzagaray. “No puede existir una universidad que prohíbe los debates de los problemas sociales –dijo entonces Lizárraga Bernal–; esto es contradictorio con la naturaleza misma de la universidad. Con la uniformidad no se puede despertar la creatividad. No podemos dejar una universidad anclada a los designios de una estructura que la gobierna y que tiene un anclaje de decenas de años”.

Y refiriéndose directamente a lo expresado por Norzagaray, quien había descartado que sea nula la participación social por parte de los estudiantes universitarios (“¿La participación estudiantil son las paredes rayadas? ¿De verdad el muchacho no participa, o sus intereses son otros? ¿No participan –los alumnos– en la vida académica, como en los concursos, o nuestros prejuicios no nos permiten verlo desde afuera?”), Lizárraga Bernal expresó: “Una juventud disciplinadita, que no es capaz de hacer una pinta, es algo muy delicado. Lo cierto es que en la UABC no hay debate”.

Publicado en el semanario cultural Bitácora, núm. 490, del miércoles 5 de julio de 2006 (http://www.agencia.bitacoracultural.com/notastemas.html)

LOS “MÉRITOS” DEL “MAESTRO HONORÍFICO” DE LA UABC

Publicado en el semanario cultural Bitácora, núm. 484, del miércoles 24 de mayo de 2006.


“Rector: deja de mentir,
tenemos muchas carencias”
Pancarta de alumnos de la Facultad de Ciencias Humanas de la UABC,
6 de mayo de 2006.


Por Carlos Alberto Gutiérrez Aguilar


Estos días, en que los maestros del COBACH al fin se decidieron a realizar una huelga, recordé el festejo reciente. Dos de los invitados al restaurante chino reían divertidos al comentar el nombramiento que, semanas antes (el jueves 23 de marzo), había otorgado la cúpula de la UABC al gobernador Eugenio Elorduy. Ambos universitarios de prestigio, uno de ellos incluso excontendiente del actual rector en su lucha por la dirección de nuestra máxima casa de estudios, mostraban con su actitud lo que cualquier enterado seguramente ya había vislumbrado: la farsa que representaba tal nombramiento.

“Pero nadie hizo ninguna crítica”, comentó preguntando una interlocutora de los alegres personajes. En efecto, ni a favor ni mucho menos en contra de tal acción orquestada desde los altos niveles de gobierno de la universidad, se había levantado voz alguna. Investigadores, docentes, artistas relacionados con la UABC habían ignorado el hecho. No había nada que festejar, obviamente. Pero sí mucho que lamentar. Y entre lo lamentable estaba, y está, precisamente, el hecho de que la comunidad universitaria incline su cabeza ante los grupos de poder que no han querido soltar de sus manos a Baja California.

Ahora que el doctor Alejandro Mungaray Lagarda ha decidido dedicar sus últimos meses en la rectoría al ensalzamiento de la universidad –como despedida, pretextando el próximo aniversario número 50 de la institución–, muy buena les pareció la ocasión, a él y a sus cogobernantes, para estrechar lazos con el poder político del estado. Si antes las autoridades de la UABC ofrendaban tributo al priísmo a cargo del Ejecutivo, desde hace algunos años lo han estado haciendo con el panismo, como lo muestra, por ejemplo, la obra: Baja California: un presente con historia. (A propósito, antes de Eugenio Elorduy –quien alguna vez pisó las aulas de la UABC como docente, en la entonces Escuela de Ciencias Sociales y Políticas– sólo había sido nombrado “maestro honorífico” el gobernador Roberto de la Madrid Romandía: dos de los mejores ejemplos del autoritarismo y el cinismo: uno blanquiazul, el otro tricolor).

“Nombra UABC ‘Maestro Honorífico’ al Gobernador del Estado”, rezó el titular de la Gaceta Universitaria del 25 de marzo pasado. Al más puro estilo tradicional. La universidad “autónoma” que ha ajustado su desarrollo a las reglas del mercado, sigue rindiendo pleitesía al mandatario en turno.

¿Cuál fue la excusa para dar este nuevo paso en la alianza entre la UABC y el grupo en el poder? Lo dijo el propio Mungaray Lagarda en su discurso del 23 de marzo, según se publicó: “el interés (del gobernador) de regularizar alrededor de 2 millones de metros cuadrados de patrimonio universitario que durante años, fueron gestionando los diferentes rectores de la Universidad, buscando la tranquilidad institucional; el apoyo a la retabulación de todos los empleados académicos y administrativos, en reconocimiento a su alta dedicación para ser considerados como la mejor universidad pública estatal de México y a lo que él (el rector) consideró un acto de justicia; por apoyar la creación de la Fundación UABC que el Patronato Universitario se ha esforzado en impulsar para apoyar económicamente las crecientes acciones de la universidad; y por apoyar más allá de lo habitual el crecimiento de la infraestructura universitaria.

“Más recientemente (…), se ha convertido (el gobernador) en el promotor internacional de la Universidad en sus visitas a Asia y Europa, promoviendo nuevas inversiones para crear nuevos empleos y apoyando los convenios para abrir nuevas opciones profesionales y nuevas presencias de la UABC en distintas localidades del estado” (Gaceta Universitaria, núm. 162, 25 de marzo de 2006, págs. 12-13).

Esto es todo. Nada que no le corresponda al gobernador constitucional. Nada “extraordinario”, como debieron haber sido las acciones justificantes del nombramiento otorgado, si las autoridades de la UABC hubieran cumplido con el artículo 20 del Reglamento del Reconocimiento al Mérito Universitario de la institución. Por lo que hizo el mandatario estatal, con un agradecimiento público hubiera bastado; tal vez, con la entrega, por parte de la universidad, de una placa metálica con los respectivos discursos y aplausos. Y ya.

“Que entren en razón”

Pero no. En la fiebre de su retiro –su ruta hacia “el 50”, como reza la publicidad del aniversario cercano– y con la aprobación de los medios de comunicación (que exaltaron el nombramiento), Mungaray Lagarda dijo que, gracias al apoyo de Elorduy Walther, la UABC es hoy “la mejor universidad pública estatal de México”, propaganda que el rector repite hasta el cansancio, aunque los hechos comprueben la deficiente calidad del trabajo en las aulas –¡claro que hay honrosas excepciones!– y la mediocridad de la mayoría de los egresados. (Como ejemplo reciente de la problemática universitaria que ha alcanzado a trascender hacia la opinión pública, están las protestas de estudiantes de la Facultad de Ciencias Humanas, que le exigieron al rector que ya no siga mintiendo; Sietedías núm. 472, 6 de mayo de 2006, pág. 3).

Los gobernantes de nuestra máxima casa de estudios –digna de mejores cabezas– avalan en la práctica, con su lamentable acción, la política educativa elorduista: a) connivente con las triquiñuelas de los líderes sindicales: b) omisa en sus responsabilidades, en cuanto a mejorar la infraestructura de los planteles, el nivel de vida de los docentes y la calidad académica en los distintos niveles educativos; c) insensible ante los reiterados reclamos de los maestros por distintas causas; d) de manos abiertas al mercado de la educación superior, al permitir el establecimiento de decenas de escuelas “patito”, y e) entreguista ante la iniciativa privada y la iglesia católica, que anhelan poder ejercer su influencia total en este ámbito.

La “obra educativa” del “maestro honorífico” se manifiesta claramente con la huelga de profesores del COBACH –que continuaba hasta el domingo 14–: a pesar de que desde meses atrás ya habían advertido los docentes que tomarían tal medida, si sus reclamos no eran satisfechos, el gobierno estatal dejó que el conflicto estallara. Ahora se dicen preocupadas las autoridades por la suspensión de clases, pero no hicieron nada por evitarla. Ahí está la denuncia penal que presentó ante la PGR la Unión Nacional de Sindicatos de Colegios de Bachilleres, en contra de cuatro secretarios de estado y los correspondientes titulares de los sistemas educativos estatales (incluido el precandidato panista a la alcaldía de Mexicali José Gabriel Posada Gallego), por no haber aplicado los recursos que la Cámara de Diputados ya había autorizado para beneficiar a los profesores del sistema COBACH (Contralínea Baja California, año 1, núm. 12, abril de 2006, págs. 6-11).

Con las banderas rojinegras en las puertas de los planteles del colegio en todo el estado, el secretario del Trabajo (titular de Educación y Bienestar Social en la era ruffista) ha dejado de lado su responsabilidad para amenazar a los maestros, invitándolos a “entrar en razón” y acusando de mentiroso al dirigente sindical Saúl García Pacheco (La Crónica, 6 de mayo de 2006, pág. 13A). El director general del COBACH, por su parte –según informó el líder de los docentes en el programa televisivo Con Sentido el lunes 8 de mayo (Canal 66, 22:00 hrs.)–, suspendió una reunión que se había acordado con la cúpula del sindicato y optó por acudir al mitin del candidato panista Felipe Calderón Hinojosa, en el Auditorio del Estado el domingo 7, horas antes de que estallara la huelga. De la misma manera, al responsable del ramo educativo, Posada Gallego, le pareció más importante “lanzar vivas y porras a Calderón” (La Crónica, 8 de mayo de 2006, pág. 14A) que dedicar el día a buscar posibles soluciones al problema.

Y el “maestro honorífico” de la UABC y también gobernador del estado –quien en reiteradas ocasiones, como en el verano pasado, ha demostrado que le interesa más viajar por el extranjero que resolver los conflictos sociales de la entidad–, tomó el avión hacia la capital de Estados Unidos el jueves 11, para dar “seguimiento a la anterior visita realizada en febrero de este año” (La Crónica, 11 de mayo de 2006, pág. 13A). Y en tanto él recibía el “Good Neighbour Award 2006” otorgado por la Cámara de Comercio México-Estados Unidos, los alumnos del COBACH se manifestaban en Mexicali y Tijuana, exigiendo que las autoridades respondieran a las demandas de sus profesores para poder regresar a clases.

Son las dos visiones de la realidad. En su mundo de fantasía, el rector de la UABC se vanagloria por las certificaciones que acumula la universidad por la calidad que en teoría tiene (Gaceta Universitaria, núm. 165, 6 de mayo de 2006, edición especial), mientras que los estudiantes de Ciencias Humanas le exigen “que saque del olvido los talleres, así como (que se efectúe) una revisión del plan de estudios”, además de que se nombre a un coordinador de la carrera de Psicología (cargo vacante desde hace más de un año) y que atienda “el descuido de personal docente”. Según fotografía publicada en Sietedías (ibidem), los jóvenes cuestionaron a Mungaray Lagarda a través de una pancarta: “¿Y la realización plena del hombre?”.

Por otro lado, en un desplegado periodístico del viernes 12 de mayo, el gobierno del estado aseguró que es su compromiso “continuar (sic) ofreciendo un servicio educativo de calidad a los jóvenes estudiantes”. Pero éstos ya no se chupan el dedo. La tarde de ese mismo día cientos de ellos realizaron una manifestación en el Centro Cívico para que se solucione la huelga de los maestros. Dice la nota firmada por Sac-Nicté Santos: “Con la frase ‘Maestros mal pagados, alumnos afectados’, los jóvenes alzaron sus voces por primera vez, para apoyar a sus profesores” (La Crónica, 13 de mayo, pág. 2A).

A pocos metros de distancia, el “maestro honorífico” despachaba de nuevo en su oficina, feliz con su premio recibido en Washington.