REVISTA DE POR ACÁ

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miércoles, 21 de noviembre de 2007

Los Guillén: una historia ilustrativa


Publicado en enero de 1998 en el semanario Sietedías.

Por Carlos Alberto Gutiérrez Aguilar



EJIDO MICHOACÁN DE OCAMPO.- Como muchas familias del valle de Mexicali, los Guillén han visto pasar las distintas etapas por las que ha atravesado el campo: desde la lucha agraria en busca de tierras para los mexicanos hasta la época del rentismo, agobiados los ejidatarios por la crisis económica.

Los hermanos Leonardo, Jeremías, Jesús, José y Sacramento Guillén Rentería llegaron a Mexicali en 1926, en compañía de su primo Hipólito Rentería y de Antonio y Emigdio Mora. Procedían de Puruándiro, Michoacán, y precisamente por problemas agrarios habían tenido que salir de su tierra natal. Permanecieron aquí con la pretensión de reunir dinero y regresar a Michoacán. Cuando el gobierno de Cárdenas obligó a la Colorado River Land Company a que vendiera cinco mil hectáreas, en 1936, los Guillén e Hipólito compraron unos terrenos en la colonia Pacífico.

Sin embargo, conscientes de la difícil situación que sufrían los mexicanos en el territorio de la compañía algodonera, se inmiscuyeron en la lucha agraria y terminaron siendo líderes. Leonardo Guillén fue nombrado presidente de la comunidad agraria Melchor Ocampo. Más tarde, una vez ocurrido el Asalto a las Tierras, él fue en representación de los campesinos a entrevistarse con el presidente Cárdenas, acompañado del señor Filiberto Crespo.

Cuando se formaron los ejidos, los Guillén recibieron parcelas en el Michoacán de Ocampo –pues a los campesinos se les distribuyó según su estado natal. Debieron renunciar a sus tierras de la colonia Pacífico, que quedaron a nombre de sus esposas, cuenta Jeremías Guillén Román, nieto de Jeremías y sobrino nieto de Leonardo.

A Jeremías Guillén Rentería le correspondió el lote que se encuentra hoy aledaño a la escuela primaria “Melchor Ocampo”. Ahí se estableció y vio crecer a su familia: su esposa, Epigmenia, y sus hijos Valente, Rafael, Armando y Enrique.

Jeremías, el nieto, tiene 31 años de edad y es hijo de Rafael. Presta sus servicios como conserje en el museo "El Asalto a las Tierras" y se ha interesado vivamente en la historia de su familia y su comunidad.

“Me platica mi papá que ya que se formaron los ejidos los tíos de uno empezaron a abrirse camino de una forma u otra, y tuvieron muy buen tiempo”, cuenta, sentado en un antiguo mesabanco de la que fue la primera escuela del poblado, construida en 1936 y hoy convertida en museo comunitario. “Ellos tenían la oportunidad de crecer, y como eran varios los hermanos se ayudaban. Yo me acuerdo que sí les iba muy bien; ellos tuvieron sus tractores nuevos, tenían en qué moverse”.

Jeremías sólo alcanzó a conocer a su abuelo Jeremías (“papá”, lo llama cariñosamente) y a su tía Sirina (esposa de Leonardo). “Ya estaba viejita mi tía, ya casi pegándole a los cien años”, recuerda (ella falleció no hace mucho). “Casi no salía, estaba ahí en su casa, la cuidaban”.

Cuando murió doña Epigmenia –joven, a los cincuenta y tantos años–, su hijo Rafael y su esposa se hicieron cargo de la alimentación del padre Jeremías y de los hermanos Armando y Enrique. “Sí tuvimos mucho contacto con mi papá –dice Jeremías, refiriéndose a su abuelo–; lo conocimos bien, cómo era.

“Cuando se casó mi tío Armando –prosigue–, que vive aquí luego luego, en la esquina, mi tía le empezó a dar comida. Entonces aquí se quedaba. Pero en veces iba él solo a la casa, caminando. Era muy presto pa platicar, con mi mamá, mi papá; yo estaba muy chico. Precisamente hoy (lunes 19) hace once años que falleció mi papá Jeremías. Murió aquí en la casa. Ya tenía problemas por la edad y la enfermedad respiratoria. Duró más de un mes internado en el Seguro. Decía: ‘Quiero morir en mi casa, llévenme a mi casa’. Y sí, estuvo un tiempo ahí, pero llegó un momento en que ya...”.

Al morir, en 1987, Jeremías Guillén Rentería contaba con alrededor de 86 años de edad, dice su nieto. “Hay unas personas que nos platican que él era muy sociable con toda la familia que conocía y que llegaban. Porque muchas veces les llegaban de Michoacán y aquí los recibían”.

Priísta de todo corazón y habitual lector de La Voz de la Frontera, don Jeremías también renegaba de los curas. “Me acuerdo cuando él platicaba que le tocó estar de monaguillo en una iglesia. ¡No, a los padres los odiaba! Con decirle que toda la familia es atea; con la Iglesia, nada. Al menos ellos no, ¡nunca! Yo creo que con las experiencias que tuvieron de jóvenes, no les quedó muy buen concepto de la religión.

“A nosotros nunca nos la han inculcado. Sí somos católicos, estamos bautizados, pero ya decir que somos creyentes devotos, de estar ahí cada domingo, no. Ni a mis hijos se los he inculcado. Nomás uno de la familia, la mayor, está casada por la iglesia, porque su esposo es muy creyente”.


Llega el rentismo


Todos los hijos de Jeremías tienen parcelas. Armando, el menor, es el propietario de las tierras de su padre en la colonia Pacífico, que recibió por herencia; Enrique posee la parcela ejidal. Ellos ya no disfrutaron los apoyos que el gobierno dio al campo, principalmente durante la época cardenista, cuando los recién creados ejidos recibieron créditos, animales y maquinaria para trabajar.

Con la creciente crisis económica encima y ante los cada vez más escasos apoyos, los campesinos optaron por la renta de parcelas. “Cuando mi papá (Rafael) rentaba estaba bien, porque de una forma hasta nos ayudaba –dice Jeremías–; llegó a rentar la mitad. Es que al agricultor que tiene una inversión, le conviene mejor trabajar diez hectáreas para atenderlas bien y rentar la otra mitad. En cambio, si te avientas a las veinte hectáreas y no tienes con qué mantenerlas, desde insumos y todo lo que ocupas, muchas veces sales hasta perdiendo”.

Actualmente, don Rafael cultiva seis hectáreas de alfalfa y cuatro de trigo. “A nosotros nos llegó una crisis muy fuerte –cuenta su hijo–. (Hace algunos años) nos robaron la bomba de inyección del tractor, en la parcela. Desde entonces nos partieron en... la torre, porque con lo poco que a mi papá le había quedado de la cosecha tuvo que comprar la bomba, nueva.

“Ya de ahí se vino el avión poco a poco abajo. Y luego el problema económico nacionalmente, cuando se empezó a ver en la agricultura poco apoyo, no había de dónde. Y así estuvo unos años muy pesados, no hallaba la puerta. Y nomás se dedicó a sembrar diez hectáreas y las otras diez las rentaba, y esa misma inversión la utilizaba para sacar adelante sus hectáreas. Y así se la llevó varios años.

“Ya hasta ahora, que tenemos la alfalfa, desde hace unos cuatro años, pues ahí le ha ido más o menos. Le ha metido a la casa, compró el pick-up, ha ido arreglando poco a poco el tractor en lo que se requiere para la zafra que sigue. Ya no está estancado”.


“Los de mi generación sí batallamos un poco”



Jeremías ha vivido siempre aquí. Pero ni él ni sus hermanos tienen una parcela propia, sólo las veinte hectáreas de su padre. “Pero seguimos trabajando con él”, dice.

La mayoría de los jóvenes de este ejido trabajan en la geotérmica de Cerro Prieto, y pocos se dedican a la agricultura. “Antes de que me casara yo trabajaba con mi papá. Él tenía la parcela aquí, pero la tierra era un poco arcillosa. Entonces cambió y se reacomodó en la colonia Pacífico; agarró una tierra muy buena. Cuando él me empezaba a llevar, me acuerdo que empezamos a desmontar ese terreno. Todo lo que sabemos nos lo ha enseñado él, desde trabajar en el tractor hasta regar”.

Jeremías maneja el tractor desde los trece años. “En ese entonces yo estudiaba aquí en la secundaria, y saliendo le iba a ayudar. Poco a poco le empecé a ayudar más y más. Cuando entré a la prepa le ayudaba mucho, y más en vacaciones largas; me encargaba de preparar toda la tierra para el siguiente periodo, que era en invierno”.

Siempre le ha gustado la agricultura. Por eso, cuando decidió abandonar sus estudios en el Cobach del ejido Nuevo León, no lo pensó dos veces para dedicarse de lleno al campo. Una vez que se inauguró el museo comunitario, su coordinadora, Bertha Chávez Villalobos, lo invitó a apoyarla, lo que Jeremías hizo gratuitamente durante unos meses, hasta que el ayuntamiento lo contrató y terminó dándole una base sindical.

“Pero aún así y hasta la fecha, le sigo ayudando a mi papá”, dice.

Hace cuatro años Jeremías recibió su certificado de preparatoria abierta y entonces ingresó a la Normal Nocturna del Estado, de la colonia Pro-Hogar en Mexicali. Ahora comparte su tiempo con el trabajo en el museo, sus estudios normalistas y las labores agrícolas en sus ratos libres.

“No se crea, los de mi generación sí batallamos un poco –comenta–, a pesar de que mi papá a todos nos dio estudios, de una forma u otra nos sacó adelante.

“Cuando yo me salí de la prepa mis hermanas ya se habían recibido de maestras. Pero me acuerdo que en veces sí nos la mirábamos duras. No crea que nos iba muy bien. Pero poco a poco nos fue sacando adelante”.

10 comentarios:

Jorge dijo...

Te felicito por tus artículos,son un rescate de la historia oral y sus actores que ya son parte de la historia de Mexicali

Anónimo dijo...

HOLA!

SOY KAREN GUILLEN
LO QUE EN EL ARTICULO DICE ES VERDAD. POR QUE MI TIO JESUS GUILLEN ME CONTO MUCHO PERO EN EL ARTICULO NO LO MENCIONAN
TAMPOCO A LOS HIJOS DE LEONARDO GUILLEN
YO SOY NIETA DE SU HIJO FIDEL
Y CREO QUE ESTO CASI NADIE LO SABE Y ES ALGO QUE DEBE ESTAR EN LOS LIBROS DE HISTORIA Y RESCATAR MAS INFORMACION SOBRE ELLOS.

Anónimo dijo...

ESO ES CIERTO POR QUE YO SOY GUILLEN Y MI TIO JESUS GUILLEN ME ACONTADO COSAS SOBRE ESTE ARTICULO
Y ES ALGO INTERESANTE PERO DEBE ESTAR EN LOS LIBROS DE HISTORIA Y BUSCAR QUE PASO CON LOS STROS GUILLEN COMO LOS HIJOS DE LEONARDO GUILLEN QUE SON MUCHHOS

KAREN GUILLEN

Anónimo dijo...

hola que tal mi nombre es rodolfo rodriguez, nieto de dona guadalupe guillen renteria, ponganse en contacto conmigo

mi mail es rodolfo9999@hotmail.com

KAREN GUILLEN♥ dijo...

ME GUSTA LA HISTORIA DE MEXICALI, Y MI TIO ME CONTO TODAVIA MAS.

karen guillen dijo...

MI TIO ME CONTO MAS, Y LA VERDAD SI ME GUSTA LA HISTORIA DE MEXICALI

Fernando Guillén dijo...

Mi abuelo es hijo de Leonardo Guillén Rentería y me siento muy orgulloso mi apellido, enhorabuena por este articulo

Anónimo dijo...

necesito saber mas de 'LEONARDO GUILLEN RENTERIA' es una tarea de mi hija.....gracias

Anónimo dijo...

necesito saber mas de 'LEONARDO GUILLEN RENTERIA' es una tarea de mi hija.....gracias

Cristina G orozco dijo...

Que vergüenza y que decepcion! Machistas a más no poder!! Que no Jeremías también tenía hijas?? Porqué no las mencionan? Donde esta mi abuelita Teresa, mi tía hermelinda, tía bertha, tia lidia?? U___u