REVISTA DE POR ACÁ

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miércoles, 21 de noviembre de 2007

¿Heroína real… o inventada?: el polémico caso de doña Felipa










Publicado en la revista electrónica De por acá, en enero de 2007.



Carlos Alberto Gutiérrez Aguilar




La historia del Asalto a las Tierras que ahora se conoce popularmente –sobre todo, gracias a la labor que se realiza en las escuelas de nivel básico cada mes de enero–, empezó a ser divulgada no hace mucho tiempo. De hecho, fue a mediados de los años ochenta cuando los investigadores Yolanda Sánchez Ogás y Everardo Garduño (del entonces Museo Hombre, Naturaleza y Cultura, del Gobierno del Estado), realizaron visitas al valle de Mexicali para platicar con los sobrevivientes de la gesta agraria del 37.

Ambos estudiosos publicaron después varias obras en las que, por separado, dieron cuenta del resultado de su trabajo. Ese material, básicamente, es el que ha servido como fuente para maestros, periodistas, el lector común y no pocos investigadores. Gracias a esos textos, y a algunos otros, los mexicalenses conocemos lo ocurrido en el valle hace siete décadas.

Personajes como Felipa Velázquez viuda de Arellano, Hipólito Rentería, Filiberto Crespo, y los hermanos Guillén, son mencionados aquí y allá.

Pero la historia que se cuenta hay que revisarla con sumo cuidado: suele considerarse que la máxima dirigente del movimiento agrario fue doña Felipa, sin caer en la cuenta de que los hechos en que presuntamente ella participó ocurrieron en mayo de 1930, más de un lustro antes del llamado Asalto a las Tierras. Tampoco se dice que la señora Velázquez viuda de Arellano, después de ser liberada de las Islas Marías, no regresó al valle, por lo que no tuvo ninguna relación directa con los acontecimientos de la época cardenista.

Además de este elemental error histórico surge otro problema: no existe documento alguno que valide la historia que se cuenta de doña Felipa. Sánchez Ogás –hoy cronista del valle de Mexicali, y quien desde hace muchos años considera que este personaje es “una heroína sacada de la manga”– asegura que en ningún archivo durante dos décadas ha encontrado algún documento que certifique como verdad histórica lo que se narra.

Y a pesar de la inexistencia de pruebas escritas, la imagen de doña Felipa sigue irguiéndose como la heroína del movimiento agrario, muy por encima de otro precursor: el coronel Marcelino Magaña –él sí reconocido históricamente–, y del verdadero dirigente del movimiento del 37: el campesino michoacano Hipólito Rentería (ver en este mismo blog el texto “Un luchador social no valorado: el coronel Marcelino Magaña”).

Lideresa de barro



La historiografía sobre el tema da preponderancia al presidente Cárdenas sobre los líderes agrarios del valle de Mexicali, al abordar la lucha campesina de fines de los años treinta.

El periodista e investigador Pablo Herrera Carrillo, en su obra Reconquista y colonización del valle de Mexicali (1958), pasa de largo las protestas de 1930 y el movimiento de 1937. Ni doña Felipa Velázquez, ni Hipólito Rentería, ni ningún otro personaje aparece en sus páginas. Tampoco Adalberto Walther Meade, en su libro El valle de Mexicali (1996), menciona a alguno de ellos.

Por su parte, el historiador Pablo L. Martínez reproduce, en su obra Historia de Baja California (1956), un texto de Esteban Pelayo Gómez Pereyra, quien dice en él lo siguiente sobre los hechos de 1930: “Es de justicia mencionar que al mes de haber llegado los reclusos a las Islas Marías, llegó un enviado especial de la Secretaría de Gobernación a tomarles declaración, habiéndosele entregado toda la documentación relativa a la solicitud de tierras, que la señora Felipa Velázquez viuda de Arellano, en forma hábil y valiente había podido ocultar”.

Como pie de página, Martínez anota: “Esta señora viuda de Arellano fue llevada a las Islas Marías con toda su familia, en la que había algunos menores de edad”.

Y cuando aborda el Asalto a las Tierras, el historiador cita de nuevo a Gómez Pereyra, quien en ningún momento menciona por su nombre a los dirigentes de enero del 37. Tampoco lo hace en anotación alguna el propio Martínez (sin embargo, al menos en la edición de la obra martiniana hecha por la UABC en 2003, sí se incluye una fotografía en la que aparecen algunos líderes del asalto, entre ellos Hipólito Rentería),

La investigadora estadounidense Dorothy P. Kerig, en su tesis de doctorado en historia –por la Universidad de California, en Irvine, en 1988– titulada Yankee Enclave: The Colorado River Land Company and Mexican Agrarian Reform in Baja California, 1902-1944 (publicada como libro por la UABC en 2001, bajo el título de "El valle de Mexicali y la Colorado River Land Company, 1902-1946"), no menciona para nada ni a Felipa Velázquez ni a los dirigentes de 1937 por su nombre.

Sobre el primer caso dice: “…algunos de sus líderes (de los campesinos, en 1930) –entre ellos una mujer y varios hijos menores de edad– fueron arrestados y enviados a la colonia penitenciaria de las Islas Marías”. Y como pie de página, aclara: “No se encontró documentación de estos incidentes en los archivos de la CLRC (Colorado River Land Company) ni en los del Calexico Chronicle, de modo que fue necesario confiar en fuentes secundarias que no coinciden del todo en los detalles”.

En cuanto al asalto, Kerig lo menciona de esta forma: “Los peores temores de la corporación (la Colorado) se cumplieron en 1937, cuando una invasión espontánea (sic) de tierras desencadenó la expropiación de casi todas las propiedades cultivadas de la compañía”. No más.

En su texto incluido en el sexto volumen de la obra Visión histórica de la frontera norte de México (1994), Roselia Bonifaz de Hernández expresa (al hablar sobre las reclamaciones de tierra de 1930) que entre el grupo de enviados a las Islas Marías “figuraba una valiente mujer, Felipa Velázquez viuda de Arellano, quien sufrió el exilio en unión de todos sus hijos”. Por el contrario, dos páginas después, al relatar el llamado Asalto a las Tierras, omite los nombres de los dirigentes del levantamiento agrario de 1937.

En tanto, la doctora en Ciencia Social María Eugenia Anguiano Téllez escribe, en su libro Agricultura y migración en el valle de Mexicali (publicado por El Colegio de la Frontera Norte en 1995):

“De los movimientos de los solicitantes de tierras, entre los más célebres, se encuentra el dirigido por Felipa Vázquez (sic) viuda de Arellano, quien –procedente de Mazatlán, Sinaloa– en 1930 se unió al sindicato de jornaleros de la estación Sesbania, para después establecer el Comité Ejecutivo Agrario del grupo Álamo Mocho. (…) Acusados de disolución social, 26 hombres y doña Felipa fueron enviados a las Islas Marías en donde permanecieron durante cuatro meses…”.

Y sobre el llamado asalto, sólo dice: “El fraccionamiento y reparto masivo de la propiedad de La (sic) Colorado comenzó en 1937, al formarse 44 ejidos…”. Ningún líder de estos hechos es nombrado por ella.

Más recientemente, la investigadora Catalina Velásquez Morales –en su texto incluido en la obra Baja California: un presente con historia, editado por la UABC en 2002– menciona el caso de 1930, y cita a los detenidos que fueron llevados a las Islas Marías, acusados de ser “comunistas anarquistas”, entre ellos a Felipa Velázquez viuda de Arellano.

Más adelante, al tratar el Asalto a las Tierras, se refiere a los participantes en este movimiento solamente como: “algunos de los grupos organizados en el valle de Mexicali”.

Puede verse, entonces, cómo en las quizá más importantes publicaciones sobre la historia de Mexicali y su valle se desdeña la participación de los dirigentes agrarios: se le reconocen créditos más a una masa anónima o al propio presidente Cárdenas, que a los hombres con nombre y apellido que llevaron en sus hombros la responsabilidad de los miles que esperaban un futuro mejor.

Y puede verse también cómo se le da mayor importancia a doña Felipa, sin que se aporten elementos para apreciar a la lideresa que se dice que fue. Sí se menciona que fue apresada, sí que realizó algunas acciones, pero nada más. El Asalto a las Tierras, entonces –en base a esta información–, le debe muy poco, o nada, a este personaje.



Sacada de la manga



En enero de 1991, la investigadora Yolanda Sánchez Ogás explicó a este reportero sus razones para considerar a doña Felipa Velázquez viuda de Arellano “una heroína sacada de la manga para avalar un programa como tantos que los gobiernos han establecido”. Dieciséis años más tarde ratifica esas consideraciones: “No he encontrado nada en este tiempo que me haga cambiar de opinión”.

Sánchez Ogás afirmó terminantemente –en aquella entrevista para el diario La Crónica– que en los años treinta las mujeres no tuvieron participación alguna en los movimientos agrarios en el valle de Mexicali. Y si alguna lo hubiera hecho –dijo–, habría permanecido en la memoria de los pobladores.

Sin embargo, aseguró que en sus pláticas sostenidas con sobrevivientes de aquella época nadie le confirmó la participación de doña Felipa en los acontecimientos (con excepción de los familiares de la sinaloense). Se refirió al testimonio del señor Jesús Cibrián Zamudio, quien había arribado al valle en 1935 procedente de Santa Rosalía, en el Territorio Sur de la Baja California.

Según le contó Cibrián Zamudio, cuando él llegó aquí “nadie hablaba de doña Felipa. Él dice que no es cierto esa versión que se ha sacado”. Y eso lo confirmó la misma Sánchez Ogás al conversar con residentes del valle que arribaron a mediados de los treinta: “Nadie la mencionaba, nadie la recordaba”.

Algunas hijas de dirigentes de la época, le aseguraron que “cuando se formaron las Ligas Femeniles (en la época de Cárdenas), ninguna tuvo jamás noticia que había existido una luchadora agraria; y tú sabes que en un pueblo tan pequeño todo se sabe”.

De acuerdo con sus investigaciones, Sánchez Ogás narró lo que habría ocurrido realmente: al ser detenidos los dirigentes, entre ellos se encontraba un familiar de doña Felipa. Ésta trató de evitar su captura y entonces también fue aprehendida.

La hoy cronista del valle de Mexicali refutó asimismo, en la entrevista, otros hechos sobre doña Felipa: “Cuando ella se fue de aquí, según las versiones, no sabía leer ni escribir; sin embargo, ahora dicen que fue maestra por allá, y que escribió poemas”. Tales composiciones se encuentran hoy resguardadas en el Archivo Histórico del Estado. Sánchez Ogás en 1991 había dicho a este reportero que no creía que esos poemas sean legítimos, pues la letra “es perfecta, perfecta… parejita, parejita. Y una gente que aprende a leer mayor (como pudo haber sido el caso de la sinaloense) su letra es temblorosa, ya no aprende igual que un niño”.

Además, consideró: “Es muy raro que una persona recién llegada se interese tanto por los problemas del lugar”. Y desde su punto de vista, igualmente, resulta poco creíble que la sinaloense haya sido una luchadora social: “Si lo hubiera sido no se hubiera quedado en Sinaloa (al ser liberada de las Islas Marías)”.

Un documento “totalmente falso”



Los poemas supuestamente escritos por ella es todo lo que se tiene de doña Felipa, además de una fotografía y un pasaporte expedido –según asegura la versión oficial–, en 1946. Pero Sánchez Ogás advirtió al reportero en 1991 que el documento realmente está fechado en 1966 (17 años después de la muerte de doña Felipa, ocurrida el 15 de diciembre de 1949), lo que el autor de estas líneas confirmó personalmente más tarde.

“¿Por qué lo hicieron? –se preguntó la investigadora–, ¿por qué tratar de comprobar que ella estuvo aquí, de esa manera tan burda, con un documento que es totalmente falso?”.

¿Pero a quiénes les pudo interesar la invención de la historia de doña Felipa? Ésta es la versión de la actual cronista del valle de Mexicali:

Durante el sexenio de Miguel de la Madrid (1982-1988) se creó el Programa de Integración de la Mujer al Desarrollo, y se empezaron a buscar mujeres ejemplares, “a manejarse la necesidad de tener heroínas”. Y se recurrió a este personaje.

“No se hizo investigación, no se hizo ningún trabajo; simplemente se hizo una ceremonia aquí en el Congreso, donde se dijo que habían traído los restos de doña Felipa (en enero de 1984); pero así, así, ni en una semana”.

Y lamentó la entonces coordinadora de Museos Comunitarios del Centro Regional del INAH –cargo en el cual coordinó la creación del Museo Comunitario “Asalto a las Tierras”, en el ejido Michoacán de Ocampo–: “Lo único que se ha logrado con todas estas acciones que el gobierno hizo fue confundir a la gente”.

“La historia de nosotros es nueva, realmente, en el valle –agregó–; pero está hecha de tantas pequeñas cosas que la enriquecen, sin necesidad de recurrir a mentiras. Yo creo que lo que tenemos es suficiente, no necesitamos inventar nada”.



La historia oficial



Felipa Velázquez nació en La Noria, Sinaloa, el 1 de mayo de 1882, en el seno de una humilde familia campesina. En 1905 contrajo matrimonio con Canuto Arellano Tirado, con quien procreó ocho hijos (otras versiones dicen que fueron solamente cuatro).

En 1929 enviudó, y con sus hijos emigró a las tierras del valle de Mexicali (en otras fuentes se afirma que su viudez se dio en 1924, mismo año en que emigró a esta región). Según Francisco Contreras Mora, su llegada aquí fue a instancias de Francisco J. Mújica, “para que ayudara al grupo ‘Rojo y Negro’, formado por mexicanos que sesionaba clandestinamente en el campo Nagazaky del valle de Mexicali”.

En 1930 fundó el primer comité ejecutivo agrario al amparo de la ley agraria de 1915. Solicitaron al gobierno que se les otorgaran tierras en el valle, sin obtener respuesta. Entonces, el 1 de mayo organizó la comedia titulada El burgués y el esclavo, para criticar a los extranjeros explotadores y al gobierno que los apoyaba.

Fue aprehendida junto con sus compañeros y encarcelados en la cárcel pública de Mexicali. Varios días después, amarrados, se les condujo —en camiones custodiados por fuerzas federales— al puerto de San Felipe. Ahí fueron embarcados hacia las Islas Marías.

El director del penal era Mújica, quien los motivó a seguir luchando cuando quedaran libres.

Ya liberados, se les remitió al puerto de Mazatlán. Algunos regresaron a Mexicali, pero doña Felipa prefirió quedarse a radicar allá. No volvió a estas tierras hasta 1946, cuando obtuvo su pasaporte en Caléxico.

Dos años más tarde sufrió un ataque de embolia cerebral, por lo que sus familiares la trasladaron a Mazatlán, donde falleció el 15 de diciembre de 1949.

Tas haberse trasladado sus restos desde Sinaloa a Mexicali, el 27 de enero de 1984 la Cámara de Diputados del Estado de Baja California les rindió un homenaje y los depositó en una urna en el ejido Islas Agrarias.


Fuentes consultadas:


CONTRERAS Mora, Francisco, El movimiento agrario en el Territorio Norte de la Baja California. Edición de autor.

GUTIÉRREZ Aguilar, Carlos Alberto, “Doña Felipa, ‘heroína sacada de la manga’". En La Crónica, 27 de enero de 1991.

MARTÍNEZ, Pablo L., Historia de Baja California. Edición crítica y anotada. UABC-Instituto Sudcaliforniano de Cultura-XI Ayuntamiento de La Paz-Administración Portuaria Integral de B.C.S.

MONTENEGRO Espinoza, Martina (comp.), Mexicali. 100 años y más de 100 mujeres. XVII Ayuntamiento de Mexicali-ICBC- UABC.

MOSQUEDA Loeza, Juana, “La presencia agrarista de la mujer”. En: Primer Foro Estatal sobre la Participación Femenina en la Vida de Baja California. Gobierno del Estado de Baja California, 1988.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

es super e increible no lo creia :0

Anónimo dijo...

es super e increible no lo creia :0

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