REVISTA DE POR ACÁ

Con el objetivo de mostrar la cultura regional en todos sus aspectos, apareció en su segunda época en 2007, en formato electrónico.

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martes, 20 de noviembre de 2007

Principio y fin de la "Comercial"

Publicado en el diario Peninsular, de La Paz, B.C.S., hacia 1997.
Por Carlos Alberto Gutiérrez Aguilar

Es triste ver el estado de abandono en que ahora se encuentra, después de los años de gloria que vivió, cuando en ella se centraba gran parte de la actividad económica de Guerrero Negro. Por eso se le llamaba la Comercial, aunque su nombre oficial era y es calle Francisco I. Madero.

Cuando el poblado aún no se extendía hacia el fundo legal, esta calle aglutinaba diversiones y compraventas. Las tiendas tradicionales vivían su tiempo de mayor esplendor. Resultaban familiares comerciantes como el Toto Herrera, Lupón. Fausto Murillo, el Maestrín, Juan Ibarra; asimismo, personajes que se convirtieron en populares, como Pancho Ayub, el Bicho —cuyo nombre era Luis Moreno— y el restaurantero conocido como el Cuernitos —llamado Armando Álvarez—. Presentes estaban también doña Rafaelita Abúndez, dona Chaga Sánchez, Fernando Kugue, el Duvis Davis y su esposa Beatriz (la Bachi).

Nombres que hacen recordar el viejo —aunque no tan lejano— pueblo, la parte antigua de Guerrero Negro, cuando aun tenía vida, que los asuntos oficiales se atendían en El Alto, en la delegación municipal; cuando el mundo no se acababa a las ocho de la noche, pues alrededor de las diez se observaba una columna humana salir del cine y en la esquina de la Cooperativa dividirse: un grupo de personas se adentraba en las calles del pueblo y otro cruzaba la empresa —primero, frente a las oficinas del Departamento de Contabilidad— o el parque —después, cuando se levantó la barda de Exportadora de Sal—, para caminar más allá del canal, hasta Loma Bonita, y algunos hasta Infonavit.

La calle Francisco I. Madero se trazó el 4 de agosto de 1955, pero solo la parte que corresponde a la Colonia; en la misma fecha se trazaron la avenida Baja California y la calle Benito Juárez.

A mediados del año siguiente llegaron las carpas (desechos de la Segunda Guerra Mundial), para los trabajadores que tenían familia. Se les ubicó a lo largo de la calle Madero, a ambos lados, desde la farmacia del Toto Herrera hasta El Dominó. Se instalaron 52 carpas y se les complementó con servicios sanitarios para uso común.

Las carpas eran de lona gruesa verde, sostenidas con un palo de madera en su centro. Mi padre, Antonio Gutiérrez Luque, que contó que para reforzar su carpa él hizo una casita de cartón en su interior; luego retiró el palo, de modo que la lona cayó sobre la casita. Así la carpa adquirió resistencia.

Equipadas con tina, lavadero de mano, estufa de petróleo y camas, además de servicios de energía eléctrica y agua, las carpas permanecieron alrededor de tres años, hasta que todas las familias fueron reubicadas en colectivos y casas.

Poco a poco la Madero se convirtió en el corazón del poblado. Desde junio de 1956 funcionaba la tienda “Vizcaíno”, de Exportadora de Sal, en la esquina de dicha calle con la avenida Baja California. En 1961, la empresa concesionó la tienda al señor Carlos Cortés, intendente recién liquidado, pero las deficiencias en el servicio hicieron que se le retirara la concesión. Durante el periodo en que el señor José Rolando Blanco ocupó la secretaría general del comité ejecutivo del sindicato salinero (de 1965 a 1967), la organización obrera solicitó y consiguió la tienda, que la compañía le entregó surtida, para administrarla en cooperativa. Así continuó, hasta que el local —de madera— fue consumido por el fuego el 2 de abril de 1993. Baldío continúa ese lote hasta hoy.

Los comerciantes hicieron de la Madero su centro de operaciones. Mi padre, don Toño Gutiérrez, recordaba que la primera tienda la instaló Juan Ibarra, y que el señor Guadalupe Gómez (Lupón) empezó su negocio vendiendo en una caseta de madera, colocada junto a la tienda “Vizcaíno”.

De los setenta, me llegan a la memoria el cine “Kugue”, que por las noches —principalmente los fines de semana— reunía a los jóvenes guerreronegrenses —y a los mayores, con las películas de desnudos—, en tanto que los niños acudíamos al matinée de los domingos, después de la misa de nueve. En mi mente conservo también el recuerdo de las nieves y bolis del Bicho y su esposa, doña Lidia Sandoval; la instalación de la caseta telefónica, a fines de la década, concesión al Duvis Davis. Y el barrio de El Dominó, que siempre me pareció tan misterioso, cuando acompañaba a mi padre repartiendo cajas de sodas por pedidos a domicilio.

Los ochenta marcaron el principio del fin del esplendor para la calle Francisco I. Madero. aunque hace poco más de diez años los estudiantes de la preparatoria todavía aprovechaban sus horas libres para dar un comercialazo, como ellos decían. Varios negocios —como el del señor Antonio Camarena— se mudaron a nuevos locales, sobre la carretera transpeninsular, en tanto que otros cerraron sus puertas. Quienes aun permanecen seguramente lo hacen más por nostalgia que movidos por una buena venta, pues la calle se ve cada día más triste y solitaria. El viejo Guerrero Negro ya está muriendo.

5 comentarios:

Anónimo dijo...

hola gutierrez!! felicidades mi nombre es tito rodriguez villavicencio amante fiel de la historia de guerrero negro! te agradesco la aportacion a mi acervo cultural historico.

Grecia dijo...

Hola!
tu blog me trajo varios recuerdos, vivi en guerrero negro por un tiempo, mis papas eran maestros ahi. hace siglos estuve en el paralelo 28, cuando fue Zedillo, y di un discurso de oratoria por cierto.
Me quedo la duda del "alto" recuerdo algo asi pero que era exactamente, tenia 10 aÑos entonces.
:)
no podrias poner fotos o algo asi?
i'm all the way in CA, gracias!

truam dijo...

que recuerdos... te enviare algunas fotografias que poco a poco he estado mejorando... saludos

pepe ibarra

Alfonso dijo...

Beto

Me da mucho gusto que al menos de una manera informal te hayas convertido en el cronista del pueblo. Ciertamente nos hemos empeñado en destruir nuestra historia, yo por ahí tengo una foto de un colectivo que tomé antes de que derribaran el último. Y por supuesto también fue un shock ver así al salón de actos. Y la prepa bardeada con alambre de puas.
¿Te acuerdas cuando nos quedabamos a oir ruidos?.
Siempre he pensado que la Baja es un caldo de cultivo para crear un nuevo García Márquez. Ojalá que te decidas a serlo tu.

Un abrazo

Alfonso

tomas dijo...

excelentes comentarios y obsevaciones, tuve la enorme felicidad de vivir alli de 1975 a 1985, curse secundaria y el colegio mexic, y la prepa cuando inciciba y me dio clases Raul Lyle, y otros maestros que recuerdo con cariño. ojala y se le diera vida a esa calle ....